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sábado, 23 de febrero de 2019

Versículos de la Biblia sobre la Oración

Versículos de la Biblia:

1. Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios

en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.(Filipenses 4:6)

2. Tú oyes la oración: A ti vendrá toda carne.(Salmos 65:2)

3. Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de

pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros

con gemidos indecibles.(Romanos 8:26)

4. Porque yo fortificaré la casa de Judá, y guardaré la casa de José; y harélos volver,

porque de ellos tendré piedad; y serán como si no los hubiera desechado; porque yo
soy Jehová su Dios, que los oiré.(Zacarías 10:6)

5. Entre mi oración en tu presencia: Inclina tu oído á mi clamor.(Salmos 88:2)

6. Habrá mirado á la oración de los solitarios, Y no habrá desechado el ruego de

ellos.(Salmos 102:17)

7. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.(Mateo 7:7)

8. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración.(Salmos 6:9)

9. Orad por nosotros: porque confiamos que tenemos buena conciencia, deseando

conversar bien en todo.(Hebreos 13:18)

10. Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que

seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.(Santiago 5:16)

11. AMONESTO pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones,

peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres;(1 Timoteo 2:1)

12. Levantemos nuestros corazones con las manos a Dios en los cielos.

(Lamentaciones 3:41)

13. Con todo, tú atenderás á la oración de tu siervo, y á su plegaria, oh Jehová Dios

mío, oyendo propicio el clamor y oración que tu siervo hace hoy delante de ti:(1

Reyes 8:28)

14. Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.(Juan 11:22)

15. Orad sin cesar.(1 Tesalonicenses 5:17)

16. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.(Mateo 21:22)

17. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea

glorificado en el Hijo.(Juan 14:13)

18. Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias:(Colosenses 4:2)

19. Bendito Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.(Salmos

66:20)

20. E invócame en el día de la angustia: Te libraré, y tú me honrarás.(Salmos 50:15)

21. Orarás á él, y él te oirá; Y tú pagarás tus votos. (Job 22:27)

22. Vuelve, y di á Ezechîas, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David

tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas: he aquí yo te sano; al tercer

día subirás á la casa de Jehová.(2 Reyes 20:5)

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jueves, 21 de febrero de 2019

martes, 11 de diciembre de 2018

El sermón del monte, las parábolas del Señor Jesús, los mandamientos

Iglesia de Dios Todopoderoso, Dios Todopoderoso, Relámpago Oriental


1. El sermón del monte
1) Las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12)
2) Sal y luz (Mateo 5:13-16)
3) Ley (Mateo 5:17-20)
4) Enojo (Mateo 5:21-26)
5) Adulterio (Mateo 5:27-30)
6) Divorcio (Mateo 5:31-32)
7) Votos (Mateo 5:33-37)
8) Ojo por ojo (Mateo 5:38-42)
9) Ama a tus enemigos (Mateo 5:43-48)
10) Instrucción acerca de dar (Mateo 6:1-4)
11) Oración (Mateo 6:5-8)
2. Las parábolas del Señor Jesús
1) La parábola del sembrador (Mateo 13:1-9)
2) La parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13:24-30)
3) La parábola de la semilla de mostaza (Mateo 13:31-32)
4) La parábola de la levadura (Mateo 13:33)
5) La parábola del trigo y la cizaña explicada (Mateo 13:36-43)
6) La parábola del tesoro (Mateo 13:44)
7) La parábola de la perla (Mateo 13:45-46)
8) La parábola de la red (Mateo 13:47-50)
3. Los mandamientos
(Mateo 22:37-39) Jesús le dijo: Tú amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y principal mandamiento. Y el segundo es similar: ama a tu prójimo como a ti mismo.

Veamos primero cada parte del “Sermón del Monte”. ¿Con qué están relacionadas todas ellas? Puede decirse con certeza que estas son todas más elevadas, concretas y cercanas a las vidas de las personas que las regulaciones de la Era de la Ley. Hablando en términos modernos, son más relevantes para la práctica real de las personas.
Leamos el contenido específico de lo siguiente: ¿cómo deberías entender las bienaventuranzas? ¿Qué deberías saber sobre la ley? ¿Cómo debería definirse el enojo? ¿Cómo debería tratarse a los adúlteros? ¿Qué se dice, y qué tipo de normas hay sobre el divorcio, y quién puede divorciarse y quién no? ¿Qué hay de los votos, el ojo por ojo, amar a los enemigos, la instrucción sobre dar, etc.? Todas estas cosas tienen que ver con cada aspecto de la práctica de la creencia en Dios por parte de la humanidad, y de seguir a Dios. Algunas de estas prácticas siguen siendo relevantes actualmente, pero son más rudimentarias que las exigencias actuales a las personas. Son verdades bastante elementales que las personas se encuentran en su creencia en Dios. Desde el momento en que el Señor Jesús comenzó a obrar, Él ya había empezado a hacerlo en el carácter vital de los humanos, pero en base al fundamento de las leyes. ¿Tenían algo que ver con la verdad las normas y los dichos sobre estos temas? ¡Por supuesto que sí! Todas las regulaciones, los principios, y el sermón en la Era de la Gracia anteriores tenían relación con el carácter de Dios y con lo que Él tiene y es, y por supuesto con la verdad. Independientemente de lo que Dios exprese, de la forma en que lo haga, o mediante el tipo de lenguaje que use, su fundamento, su origen, y su punto de partida están todos basados en los principios de Su carácter y de lo que Él tiene y es. No hay error posible. Así que, aunque estas cosas que Él dijo parezcan ahora un poco triviales, sigues sin poder decir que no son la verdad, porque eran cosas indispensables para las personas en la Era de la Gracia, para satisfacer la voluntad de Dios y lograr un cambio en su carácter vital. ¿Puedes decir que alguna de estas cosas en el sermón no estén alineadas con la verdad? ¡No puedes! Cada una de ellas es la verdad porque eran todas ellas exigencias de Dios para la humanidad; eran todos principios y una perspectiva dados por Dios de cómo comportarse, y representan Su carácter. Sin embargo, en base al nivel de su crecimiento en la vida de esa época, solo podían aceptar y comprender estas cosas. Como el pecado de la humanidad no se había resuelto, el Señor Jesús solo podía proclamar estas palabras, y solo podía utilizar esas enseñanzas simples dentro de esta clase de ámbito para decir a las personas de la época cómo debían actuar, qué debían hacer, dentro de que principios y esferas debían hacer las cosas, y cómo debían creer en Dios y cumplir Sus requisitos. Todo esto estaba determinado en base a la estatura de la humanidad en esa época. No era fácil para las personas que vivían bajo la ley aceptar estas enseñanzas, y por tanto, lo que el Señor Jesús enseñaba tenía que permanecer en este ámbito.
Seguidamente, veamos qué hay en “las parábolas del Señor Jesús”.
La primera es la parábola del sembrador. Es realmente interesante; sembrar semillas es un acontecimiento común en las vidas de las personas. La segunda es la del trigo y la cizaña. En lo que respecta a esta, cualquiera que haya plantado cultivos y adultos lo sabrá. La tercera es la parábola del grano de mostaza. Todos vosotros sabéis lo que es la mostaza, ¿verdad? Si no lo sabéis, podéis echar un vistazo a la Biblia. Para la cuarta, la de la levadura, la mayoría de las personas sabe que esta se usa para la fermentación; es algo que las personas utilizan en su vida cotidiana. Todas las parábolas siguientes, incluyendo la sexta, la del tesoro, la séptima, la de la perla, y la octava, la de la red, se sacan de las vidas de las personas; todas vienen de las vidas actuales de ellas. ¿Qué tipo de cuadro pintan estas parábolas? Es una imagen de Dios convirtiéndose en una persona normal y viviendo junto a la humanidad, usando el lenguaje de una vida normal, el lenguaje humano para comunicar con los hombres y proveerles lo que necesitan. Cuando Dios se hizo carne y vivió en medio de la humanidad durante mucho tiempo, después de haber experimentado y presenciado los diversos estilos de vida de las personas, estas experiencias pasaron a ser Su manual para transformar Su lenguaje divino en humano. Por supuesto, estas cosas que Él vio y oyó en la vida también enriquecieron la experiencia del Hijo del Hombre humano. Cuando Él quería que las personas llegaran a entender algunas verdades, algo de la voluntad de Dios, podía usar parábolas parecidas a las anteriores para hablar a las personas acerca de la voluntad de Dios y Sus exigencias para la humanidad. Estas parábolas tenían, todas, relación con la vida de las personas; no había una sola que no estuviese en sintonía con las vidas humanas. Cuando el Señor Jesús vivió con la humanidad, vio a campesinos cuidando sus campos, sabía lo que eran la cizaña y la levadura; entendió que los humanos aman los tesoros, por lo que usó las metáforas del tesoro y la perla; con frecuencia vio a pescadores echando sus redes; etc. El Señor Jesús observó estas actividades en las vidas de los hombres, y también experimentó ese tipo de vida. Él fue igual que cualquier otra persona normal, comía tres veces al día y seguía las rutinas cotidianas de los seres humanos. Experimentó personalmente la vida de una persona corriente, y fue testigo de la vida de otros. Cuando presenció y experimentó todo esto en persona, no pensó en cómo tener una buena vida o vivir con mayor libertad y comodidad. Cuando estuvo experimentando una vida humana auténtica, el Señor Jesús vio las dificultades en la vida de las personas, el sufrimiento, el infortunio, y la tristeza de las personas bajo la corrupción de Satanás, existiendo bajo su dominio, y en pecado. Mientras experimentaba personalmente la vida humana, también comprobó cuán desamparadas estaban las personas que vivían en medio de la corrupción, y vio y experimentó la desgracia de quienes vivían en pecado, los que estaban perdidos en la tortura de Satanás, del mal. Cuando el Señor Jesús vio estas cosas, ¿las vio con Su divinidad o con Su humanidad? Su humanidad existió realmente, estaba muy viva; Él pudo experimentar y ver todo esto, y por supuesto Su esencia, Su divinidad también lo vieron. Esto es, Cristo mismo, el Señor Jesús hombre vio esto, y todo lo que observó le hizo sentir la importancia y la necesidad de la obra que había acometido, en ese momento, en la carne. Aunque Él mismo sabía que la responsabilidad que debía asumir en la carne era inmensa, y lo cruel que sería el dolor que afrontaría, cuando vio a la humanidad desamparada en el pecado, el infortunio de sus vidas y sus luchas ineficaces bajo la ley, sintió cada vez mayor tristeza, y más inquietud por salvar a la humanidad del pecado. Independientemente del tipo de dificultades que afrontaría o del dolor que sufriría, estuvo cada vez más decidido a redimir a la humanidad que vivía en pecado. Durante este proceso, se podría decir que el Señor Jesús comenzó a entender con mayor claridad la obra que necesitaba hacer y que se le había encomendado. También se sintió cada vez más deseoso de completar la obra que debía acometer: cargar con los pecados de toda la humanidad, hacer expiación por ella para que no viviera más en pecado y que Dios fuera capaz de olvidar los pecados del hombre, gracias a la ofrenda por el pecado, permitiéndole impulsar Su obra de salvar a la humanidad. Se podría decir que, en Su corazón, el Señor Jesús estaba dispuesto a ofrecerse por la humanidad, a sacrificarse. También lo estaba a actuar como ofrenda por el pecado, a ser clavado a la cruz, y estaba ansioso por completar esta obra. Cuando vio las condiciones miserables de las vidas humanas, todavía quiso cumplir Su misión a la mayor rapidez posible, sin el retraso de un solo minuto o segundo. Cuando tuvo ese sentimiento de urgencia, no estaba pensando en lo grande que sería Su dolor ni en cuanta humillación tendría que soportar; solo tenía una convicción en Su corazón: mientras Él se ofreciera, y fuera clavado a la cruz como ofrenda por el pecado, la voluntad de Dios prevalecería y Él podría comenzar una nueva obra. La vida de la humanidad y su estado de existencia en el pecado, cambiarían por completo. Su convicción y lo que estaba decidido a hacer guardaban relación con salvar al hombre, y solo tenía un objetivo: llevar a cabo la voluntad de Dios, de manera que pudiese iniciar, con éxito, el siguiente paso en Su obra. Esto es lo que había en la mente del Señor Jesús en aquella época.

Viviendo en la carne, el Dios encarnado poseía una humanidad normal; poseía las emociones y el razonamiento de una persona normal. Sabía lo que era la felicidad, el dolor, y cuando vio a la humanidad en este tipo de vida, sintió en lo más profundo que dándoles simplemente a las personas algunas enseñanzas, proveyéndoles algo o instruyéndolas en algo no las sacaría del pecado. Tampoco las redimiría de este haciéndoles obedecer solamente los mandamientos; solo cuando cargara con el pecado de la humanidad y se convirtiera en la semejanza de carne pecadora podría intercambiarlo por la libertad del hombre y por el perdón de Dios para este. Así, después de que el Señor Jesús experimentara y presenciara la vida de pecado de los hombres, un intenso deseo se manifestó en Su corazón: permitir que se libraran de su vida de lucha en el pecado. Este deseo hizo que sintiera cada vez más que debía ir a la cruz y cargar con los pecados de la humanidad lo antes posible, lo más rápido que pudiera. Estos fueron los pensamientos del Señor Jesús en ese momento, después de haber vivido con personas y haber visto, oído y sentido la desgracia de sus vidas en el pecado. Que el Dios encarnado pudiera tener esta clase de voluntad para el hombre, que pudiera expresar y revelar esta clase de carácter, ¿es algo que una persona normal pudiera poseer? ¿Qué vería una persona corriente en este tipo de entorno? ¿Qué pensaría? Si una persona normal afrontase todo esto, ¿consideraría los problemas desde una perspectiva elevada? ¡Definitivamente no! Aunque el aspecto del Dios encarnado sea exactamente igual al de un ser humano, Él aprende el conocimiento humano, habla el lenguaje humano y, en ocasiones, hasta expresa Sus ideas a través de los medios o las expresiones del hombre, Su modo de ver a los seres humanos y la esencia de las cosas es absolutamente distinto a como las personas corruptas ven estas mismas cosas. Su perspectiva y la altura en la que se halla es algo inalcanzable para una persona corrupta. Esto se debe a que Dios es la verdad, Su carne también posee la esencia de Dios, y Sus pensamientos así como lo que expresa Su humanidad también son la verdad. Para las personas corruptas, todo lo que Él expresa en la carne es una provisión de la verdad y de la vida, y no solo es para una persona, sino para toda la humanidad. En el caso de cualquier persona corrupta, en su corazón solamente se hallan las pocas personas relacionadas con ella. Solo se cuida de estas y se preocupa únicamente por ellas. Cuando el desastre está en el horizonte piensa primero en sus propios hijos, su esposa, o sus padres, y una persona más filantrópica pensaría como mucho en algún familiar o en un buen amigo; ¿piensa en alguien más? ¡Nunca! Porque los seres humanos son, después de todo, humanos, y solo pueden ver algo desde la perspectiva y la altura de una persona. Sin embargo, Dios encarnado es totalmente diferente de una persona corrupta. Independientemente de lo corriente, normal y humilde que sea la carne del Dios encarnado, o de la cantidad de desprecio con que lo mire la gente, Sus pensamientos y Su actitud hacia la humanidad son cosas que ningún hombre podría poseer ni imitar. Él siempre observará a la humanidad desde la perspectiva de la divinidad, desde la altura de Su posición como Creador. Siempre la contemplará a través de la esencia y de la mentalidad de Dios. No puede verla en absoluto desde la altura de una persona normal ni desde la perspectiva de una corrupta. Cuando las personas miran a la humanidad, lo hacen con una visión humana, y usan cosas como el conocimiento, las normas y las teorías humanos como punto de referencia. Esto se halla dentro del ámbito de lo que las personas pueden ver con sus ojos, de lo que unos seres corruptos pueden lograr. Cuando Dios mira a la humanidad, lo hace con visión divina; usa como medida Su esencia y lo que Él tiene y es. Este ámbito incluye cosas que las personas no pueden ver, y en esto es en lo que Dios encarnado y los humanos corruptos son totalmente diferentes. Esta divergencia viene determinada por la esencia de los seres humanos que es distinta a la de Dios y que determina las identidades y las posiciones, así como la perspectiva y la altura desde la que ven las cosas. ¿Veis la expresión y la revelación de Dios mismo en el Señor Jesús? Podrías decir que lo que Él hizo y dijo guardaba relación con Su ministerio y con la obra de gestión de Dios, que todo ello era la expresión y la revelación de Su esencia. Aunque tuvo una manifestación humana, Su esencia divina y la revelación de Su divinidad no pueden negarse. ¿De verdad era esta manifestación humana una expresión de la humanidad? Por su propia esencia, fue Su manifestación humana totalmente diferente de la de las personas corruptas. El Señor Jesús fue Dios encarnado, y si hubiera sido realmente una persona normal, corrupta, ¿habría podido contemplar la vida de la humanidad, en pecado, desde una perspectiva divina? ¡En absoluto! Esta es la diferencia entre el Hijo del Hombre y las personas corrientes […].
Cuando Dios se hace carne y vive en medio de la humanidad, ¿qué sufrimiento experimenta en la carne? ¿Lo entiende alguien realmente? Algunos afirman que Dios sufre en gran manera, y aunque Él es Dios mismo, las personas no comprenden Su esencia; siempre lo tratan como una persona, y esto hace que se sienta agraviado y perjudicado. Declaran que el sufrimiento de Dios es verdaderamente grande. Otros aseveran que Dios es inocente y sin pecado, pero que sufre lo mismo que la humanidad y es víctima de persecución, difamación e indignidades junto con ella; también dicen que Él soporta las malinterpretaciones y la desobediencia de Sus seguidores. En realidad, el sufrimiento de Dios no puede medirse. Parece que no entendéis realmente a Dios. De hecho, este sufrimiento del que habláis no cuenta como verdadero sufrimiento para Dios, porque hay uno mayor que este. ¿Cuál es, pues, el verdadero sufrimiento para Dios mismo? ¿Cuál es el verdadero sufrimiento para la carne del Dios encarnado? Para Dios, no es un sufrimiento que la humanidad no le entienda, que le malinterpreten y que no lo vean como Dios. Sin embargo, las personas sienten a menudo que Él debe de haber sufrido una gran injusticia, que durante el tiempo que está en la carne Dios no puede mostrar Su persona a la humanidad ni permitirle ver Su grandeza, y que se esconde humildemente en una carne insignificante, por lo que debió de ser terrible para Él. Las personas se toman a pecho lo que pueden entender y ver del sufrimiento de Dios, le manifiestan toda clase de simpatía, y a menudo hasta le elevarán una pequeña alabanza por ello. En realidad, existe una diferencia, una brecha entre lo que las personas entienden del sufrimiento de Dios y lo que Él siente realmente. Os estoy diciendo la verdad; para Dios, independientemente de que se trate del Espíritu de Dios o de la carne del Dios encarnado, ese no es un sufrimiento verdadero. ¿Qué hace, pues, sufrir a Dios de verdad? Hablemos sobre el sufrimiento de Dios tan solo desde la perspectiva del Dios encarnado.

Cuando Dios se hace carne y se convierte en una persona corriente, normal, que vive en medio de la humanidad, codo con codo con las personas, ¿no puede ver ni sentir los métodos, las leyes y las filosofías de las personas para vivir? ¿Cómo le hacen sentir esos métodos y leyes para la existencia? ¿Siente aborrecimiento en Su corazón? ¿Por qué iba a sentirlo? ¿Cuáles son los métodos y las leyes de la humanidad para vivir? ¿En qué principios están arraigados? ¿En qué se basan? Los métodos, las leyes, etc., de la humanidad para vivir, todo está creado en base a la lógica, el conocimiento y la filosofía de Satanás. Los humanos que viven bajo estos tipos de leyes no tienen humanidad, ni verdad, todos ellos desafían a la verdad, y son hostiles a Dios. Si echamos un vistazo a la esencia de Dios, vemos que esta es exactamente lo contrario de la lógica, el conocimiento y la filosofía de Satanás. Su esencia está llena de justicia, verdad, santidad, y otras realidades de todas las cosas positivas. ¿Qué siente Dios en Su corazón, poseyendo esta esencia y viviendo en medio de esa humanidad? ¿No está lleno de dolor? Su corazón está dolido, y ese dolor es algo que ninguna persona puede entender ni comprender. Y es que todo lo que Él afronta, se encuentra, oye, ve y experimenta es la corrupción, el mal y la rebelión contra la verdad y la resistencia a la misma. Todo lo que viene de los humanos es la fuente de Su sufrimiento. Es decir, como Su esencia y la de los seres humanos corruptos no son la misma, la corrupción de estos pasas a ser la fuente de Su mayor sufrimiento. ¿Puede Dios, al hacerse carne, encontrar a alguien que comparta un lenguaje común con Él? Esto no se puede hallar entre los hombres. No hay quien pueda comunicar ni tener este diálogo con Dios. ¿Qué tipo de sentimiento dirías que tiene Dios? Las cosas que las personas exponen, aman, buscan y anhelan están todas relacionadas con el pecado, con tendencias malvadas. Cuando Dios afronta todo esto, ¿no es como un cuchillo para Su corazón? ¿Podría tenerlo henchido de gozo frente a estas cosas? ¿Podría hallar consuelo? Los que están viviendo con Él son seres humanos llenos de rebeldía y maldad; ¿cómo podría no sufrir Su corazón? ¿Cómo es de grande este sufrimiento en realidad, y a quién le preocupa? ¿Quién presta atención? ¿Y quién podría apreciarlo? Las personas no tienen forma de entender el corazón de Dios. Su sufrimiento es algo que las personas son particularmente incapaces de apreciar, y la frialdad y el entumecimiento de la humanidad profundizan aún más el sufrimiento de Dios.

Algunas personas simpatizan a menudo con la difícil situación de Cristo porque hay un versículo en la Biblia que dice: “Los zorros tienen guaridas y las aves del aire tienen sus nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde apoyar Su cabeza”. Cuando las personas oyen esto, se lo toman a pecho y creen que es el mayor sufrimiento que Dios resiste, y también es el mayor sufrimiento que Cristo resiste. Ahora, mirándolo desde la perspectiva de los hechos, ¿es ese el caso? Dios no cree que estas dificultades sean sufrimiento. Nunca ha clamado contra la injusticia por las dificultades de la carne ni ha hecho que los seres humanos le devuelvan nada ni lo recompensen. Sin embargo, cuando ve el todo de la humanidad, las vidas corruptas y la maldad de los seres humanos corruptos, cuando ve que la humanidad está entre las garras de Satanás, apresada por él sin poder escapar, esas personas que viven en pecado no saben cuál es la verdad: Él no soporta todos estos pecados. Su aborrecimiento de los hombres se incrementa día a día, pero Él tiene que aguantar todo esto. Este es el gran sufrimiento de Dios. Él no puede expresar plenamente Su voz, Su felicidad, Su ira, Su tristeza o Su placer entre Sus seguidores, y nadie entre ellos puede entender verdaderamente Su sufrimiento. Nadie intenta siquiera entender o consolar Su corazón, que soporta este padecimiento día tras día, año tras año, una y otra vez. ¿Qué veis en todo esto? Dios no exige nada a los humanos a cambio de lo que Él ha dado, sino que por Su esencia no puede tolerar en absoluto la maldad, la corrupción y el pecado de la humanidad. Él siente un aborrecimiento y un odio extremos, que llevan a Su corazón y a Su carne a soportar un sufrimiento inacabable. ¿Podríais ver todo esto? Lo más probable es que ninguno de vosotros pudiera, porque no hay entre vosotros quien entienda de verdad a Dios. A lo largo del tiempo podéis experimentarlo gradualmente por vosotros mismos.
de "La Palabra manifestada en carne (Continuación)"
The Bible quotation in this article are translated from AKJV.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Job bendice el nombre de Dios y no piensa en las bendiciones o el desastre

Job bendice el nombre de Dios y no piensa en las bendiciones o el desastre
Hay un hecho al que nunca se hace referencia en las historias de Job en las Escrituras, y hoy nos centraremos en él. Aunque Job nunca había visto a Dios ni había oído Sus palabras con sus propios oídos, Él tenía un lugar en su corazón. ¿Y cuál era la actitud de Job hacia Dios? Era, como ya mencionamos anteriormente, “bendito sea el nombre de Jehová”. Bendecía el nombre de Dios de manera incondicional, sin reservas y sin razones.

lunes, 3 de diciembre de 2018

La advertencia y la ilustración provistas por el testimonio de Job para las generaciones posteriores

Al mismo tiempo que entiendan el proceso por el cual Dios gana totalmente a alguien, las personas también comprenderán los objetivos y el significado de la consignación de Job a Satanás. Su tormento ya no inquieta a las personas que aprecian su sentido de una forma nueva. Ya no les preocupa verse sometidas a la misma tentación que Job ni se oponen más a la llegada de las pruebas de Dios ni las rechazan. La fe, la obediencia y el testimonio de Job de su victoria sobre Satanás han sido una fuente de inmensa ayuda y aliento para los seres humanos.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Acerca de Job (II)

La racionalidad de Job

Las experiencias prácticas de Job, así como su humanidad recta y sincera, significaban que hizo el juicio y las elecciones más racionales cuando perdió sus bienes y a sus hijos. Tales decisiones racionales eran inseparables de sus actividades diarias y de los hechos de Dios que había llegado a conocer durante su vida cotidiana. La sinceridad de Job lo capacitó para creer que la mano de Jehová domina todas las cosas; su creencia le permitía conocer la realidad de la soberanía de Jehová Dios sobre todas las cosas; su conocimiento hizo que estuviese dispuesto a obedecer la soberanía y las disposiciones de Jehová Dios, y lo capacitó para ello; su obediencia le permitió ser más y más sincero en su temor de Él; su temor lo hizo más y más real en su forma de apartarse del mal; en última instancia, Job se volvió perfecto, porque temía a Dios y se apartaba del mal; y su perfección lo hizo sabio, y le proporcionó la máxima racionalidad.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Job derrota a Satanás y se convierte en un hombre de verdad a los ojos de Dios

Con frecuencia digo que Dios mira dentro del corazón de las personas, y que estas consideran lo exterior. Como Él ve el interior de la persona, entiende su esencia, mientras que el ser humano define la esencia de otra persona basándose en su exterior. Cuando Job abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento, este acto asombró a todos los personajes espirituales, incluidos sus tres amigos. El hombre procedía de Dios, y debía estar agradecido por la vida y la carne, así como por el día de su nacimiento que Dios le había concedido; no debía maldecirlos. Esto es comprensible y concebible para la mayoría de las personas. Cualquiera que siga a Dios sabe que este entendimiento es sagrado e inviolable; es una verdad que nunca puede cambiar. Por el contrario, Job quebrantó las reglas: maldijo el día de su nacimiento. Es un acto que la mayoría de las personas consideran como la entrada a un territorio prohibido. No da derecho al entendimiento ni a la simpatía de los demás, ni tampoco al perdón de Dios.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Las muchas malinterpretaciones de las personas sobre Job


Las dificultades sufridas por Job no fueron obra de ángeles enviados por Dios ni las provocó Su propia mano, sino que fue Satanás, el enemigo de Dios, quien las causó personalmente. En consecuencia, fueron de un nivel profundo. Sin embargo, Job demostró en ese momento y sin reservas, el conocimiento cotidiano de Dios que había en su corazón, los principios de sus acciones de cada día, y su actitud hacia Dios, y esta es la verdad. Si Job no hubiera sido tentado, si Dios no le hubiera puesto pruebas, cuando él dijo: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová”, dirías que era un hipócrita; Dios le había dado muchos bienes, y por supuesto que bendecía el nombre de Jehová. Si antes de verse sometido a las pruebas Job hubiera dicho: “¿Recibiremos de la mano de Dios todas las cosas buenas y no recibiremos la maldad?”, dirías que estaba exagerando, y que no renegaría del nombre de Dios ya que Su mano lo bendecía con frecuencia. Si Dios hubiera traído el desastre sobre él, sin duda habría renegado de Su nombre. Sin embargo, cuando se vio en circunstancias que nadie desea ni quiere ver, ni que le sobrevengan, que las personas temerían sufrir, circunstancias que ni siquiera Dios soportaría ver, Job seguía siendo capaz de aferrarse a su integridad: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” y “¿Recibiremos de la mano de Dios todas las cosas buenas y no recibiremos la maldad?”. Frente a la conducta de Job en ese tiempo, aquellos a quienes les gusta proferir palabras altisonantes, así como letras y doctrinas, se quedan sin habla. La integridad a la que Job se aferró condena a quienes solo ensalzan el nombre de Dios en su discurso, pero nunca han aceptado Sus pruebas, y su testimonio juzga a los que nunca han creído que el hombre fuera capaz de agarrarse firmemente al camino de Dios. Ante su comportamiento durante estas pruebas y las palabras que pronunció, algunos se sentirán confusos, envidiosos, tendrán dudas e incluso parecerán poco interesadas, encogiendo la nariz ante el testimonio de Job, porque no solo ven el tormento que cayó sobre Job durante las pruebas y leen las palabras que habló, sino que ven también que traiciona la “debilidad” humana cuando caen sobre él las pruebas. Esta “debilidad” que ellos consideran la supuesta imperfección en la perfección de Job, la mancha en un hombre perfecto a ojos de Dios. Es decir, se cree que quienes son perfectos son intachables, sin mácula o mancha, que no tienen debilidades ni conocimiento del dolor, que nunca se sienten infelices ni desalentados, que no sienten odio ni tienen un comportamiento exterior extremo; como consecuencia, la gran mayoría de las personas no creen que Job fuera verdaderamente perfecto. No aprueban gran parte de su comportamiento durante sus pruebas. Por ejemplo, cuando Job perdió sus propiedades y a sus hijos, no rompió a llorar, como se podría imaginar. Su “falta de decoro” induce a pensar que era frío, porque no lloraba por su familia ni la amaba. Esta es la mala impresión que Job produce en las personas. Consideran que, después de aquello, su comportamiento fue incluso más desconcertante: algunos han interpretado “rasgó su ropa” como una falta de respeto a Dios, y creen erróneamente que “se afeitó la cabeza” significa blasfemia y oposición a Dios por parte de Job. Aparte de sus palabras “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová”, las personas no disciernen en Job la justicia alabada por Dios, y por tanto la valoración que la mayoría de ellos hace de él no es más que incomprensión, malinterpretación, duda, condenación y aprobación tan solo en la teoría. Ninguno de ellos es capaz de entender de verdad ni apreciar las palabras de Jehová Dios respecto a que Job era un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.

En base a su impresión anterior de Job, las personas tienen más dudas de su justicia, porque sus acciones y su conducta registradas en las escrituras no fueron tan trascendentalmente conmovedoras como ellas habrían imaginado. No solo no llevó a cabo hecho grandioso alguno, sino que también tomó un tiesto para rascarse mientras estaba sentado entre las cenizas. Este acto también asombra a las personas y las hace dudar —y hasta negar— la justicia de Job, porque mientras se rascaba no oraba a Dios ni se comprometía con Él; tampoco se le veía secarse las lágrimas de dolor. En este momento, las personas solo ven las debilidades de Job y nada más, y así, incluso cuando le oyen decir: “¿Recibiremos de la mano de Dios todas las cosas buenas y no recibiremos la maldad?”, no se conmueven en absoluto, están indecisos y son incapaces de discernir la justicia de Job a partir de sus palabras. La impresión básica que produce en las personas durante el tormento de sus pruebas es que no era rastrero ni arrogante. Ya no ven la historia subyacente a su comportamiento, que se desarrollaba en las profundidades de su corazón ni tampoco el temor de Dios que había en este, ni su observancia del principio del camino de apartarse del mal. Su ecuanimidad hace que las personas piensen que su perfección y rectitud no fueran sino palabras vacías, que su temor de Dios era simplemente un rumor; entretanto, la “debilidad” que revelaba externamente deja una profunda impresión en ellas, dándoles una “nueva perspectiva” y hasta un “nuevo entendimiento” del hombre que Dios define como perfecto y recto. Esa “nueva perspectiva” y ese “nuevo entendimiento” se demostraron cuando Job abrió su boca y maldijo el día en que nació.

Aunque el nivel de tormento que sufrió es inimaginable e incomprensible para cualquier hombre, Job no pronunció palabras de herejía, sino que tan solo alivió el dolor de su cuerpo por sus propios medios. Como se registra en las Escrituras, él dijo: “Que muera el día cuando nací y la noche en que se dijo: Que se conciba un niño” (Job 3:3). Es posible que estas palabras no le hayan parecido importantes a nadie, o tal vez haya quien sí les ha prestado atención. En vuestra opinión, ¿significan que Job se opuso a Dios? ¿Son una queja contra Él? Sé que muchos de vosotros tenéis ciertas ideas respecto a estas palabras que Job pronunció y creéis que si era perfecto y recto no debería haber mostrado debilidad o pesar algunos, y que más bien debería haber afrontado con positividad cualquier ataque de Satanás, e incluso haber sonreído frente a sus tentaciones. No debería haber tenido la más mínima reacción a ninguno de los tormentos que Satanás provocó en su carne ni haber traicionado ninguna de las emociones de su corazón. Hasta tendría que haberle pedido a Dios que endureciese aún más estas pruebas. Es lo que debería demostrar y poseer alguien que se mantiene firme, teme realmente a Dios y se aparta del mal. En medio de este tormento extremo, Job maldijo el día de su nacimiento. No se quejó de Dios, y mucho menos tuvo la intención de oponerse a Él. Esto es mucho más fácil de decir que de hacer, porque desde la antigüedad hasta ahora, nadie ha experimentado nunca las tentaciones de Job ni ha sufrido lo que cayó sobre él. ¿Y por qué no se ha visto nadie más sometido al mismo tipo de tentación que Job? Porque, tal como Dios lo ve, nadie es capaz de soportar esa responsabilidad o comisión; nadie podría hacerlo como Job y, además, aparte de maldecir el día de su nacimiento, nadie podría no renegar del nombre de Jehová Dios y seguir bendiciéndole como hizo él cuando ese tormento cayó sobre él. ¿Podría hacerlo alguien? Cuando afirmamos esto respecto a Job, ¿estamos elogiando su comportamiento? Él era un hombre justo, capaz de dar semejante testimonio de Dios, y de hacer que Satanás huyera con las manos en la cabeza, de manera que nunca más volviera a presentarse ante Dios para acusarlo; ¿qué hay de malo, pues en elogiarlo? ¿No será que tenéis estándares más elevados que los de Dios? ¿Acaso actuaríais mejor que Job cuando las pruebas vinieran sobre vosotros? Dios alabó a Job; ¿qué podríais tener que objetar?

de "La Palabra manifestada en carne (Continuación)"

The Bible quotation in this article are translated from AKJV.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Valoraciones que Dios y la Biblia hacen de Job

(Job 1:1) Hubo un hombre en la tierra de Uz, cuyo nombre era Job; y ese hombre fue perfecto y recto. Era uno que temía a Dios y se apartaba del mal.

(Job 1:5) Y fue así, cuando los días de fiesta habían terminado, que Job los enviaba y los santificaba, y se levantaba muy temprano en la mañana para dar ofrendas de acuerdo con el número de todos ellos; porque Job decía: Tal vez mis hijos han pecado y maldecido a Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.

(Job 1:8) Y Jehová dijo a Satanás: ¿Has considerado a Mi siervo Job, no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal?

Primero, leamos el pasaje número uno: “Hubo un hombre en la tierra de Uz, cuyo nombre era Job; y ese hombre fue perfecto y recto. Era uno que temía a Dios y se apartaba del mal”. La primera valoración de Job en la Biblia es esta frase, que es la opinión del autor respecto a él, “ese hombre fue perfecto y recto. Era uno que temía a Dios y se apartaba del mal”. A continuación, leamos la valoración que Dios hace de Job: “no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal” (Job 1:8). De las dos, una procedía del hombre, y la otra se originó en Dios; son dos valoraciones con el mismo contenido. Puede verse, por tanto, que el hombre conocía el comportamiento y la conducta de Job, y también que Dios los elogiaba. En otras palabras, la conducta de Job delante del hombre y de Dios era la misma; ponía su comportamiento y su motivación delante de Dios en todo momento, para que Él pudiera observarlas, y era alguien temeroso de Dios, que se apartaba del mal. Así pues, a los ojos de Dios, y de las personas de la tierra, solo Job era perfecto y recto, alguien que temía a Dios y se apartaba del mal.

Manifestaciones específicas de que Job temía a Dios y se apartaba del mal en su vida cotidiana

Seguidamente, veamos cómo se manifiesta, de manera específica, que Job temía a Dios y se apartaba del mal. Además de los pasajes anteriores y posteriores, leamos también Job 1:5, una de las manifestaciones específicas mencionadas. Guarda relación con su forma de temerle a Dios y de apartarse del mal en su vida cotidiana; de forma destacada, no solo hacía lo que debía por su propio temor de Dios y para apartarse del mal, sino que ofrecía holocaustos, con regularidad, delante de Dios por causa de sus hijos. Tenía miedo de que estos “han pecado y maldecido a Dios en sus corazones” en sus banquetes. ¿Y cómo se expresaba este temor en Job? El texto original proporciona el siguiente relato: “Y fue así, cuando los días de fiesta habían terminado, que Job los enviaba y los santificaba, y se levantaba muy temprano en la mañana para dar ofrendas de acuerdo con el número de todos ellos”. La conducta de Job nos muestra que, en lugar de manifestarse en su comportamiento exterior, su temor de Dios venía desde su corazón, y podía encontrarse en cada aspecto de su vida cotidiana, en todo momento, porque no solo se apartaba del mal, sino que sacrificaba frecuentemente holocaustos por sus hijos. En otras palabras, Job no solo temía profundamente pecar contra Dios y renunciar a Él en su corazón, sino que también se preocupaba de que sus hijos pudieran pecar contra Dios y renunciaran a Él en sus corazones. A partir de esto podemos ver que la verdad del temor de Job hacia Dios supera el escrutinio, y está más allá de la duda de cualquier hombre. ¿Lo hacía de manera ocasional o con frecuencia? La frase final del texto es: “De esta manera hacía todos los días”. Estas palabras significan que Job no pasaba ocasionalmente a ver a sus hijos, o cuando le placía ni se confesaba a Dios por medio de la oración. En su lugar, enviaba y santificaba a sus hijos con regularidad, y sacrificaba holocaustos por ellos. “Todos los días” no significa que lo hiciese durante uno o dos días, o por un momento. Está diciendo que la manifestación del temor de Dios por parte Job no era temporal, y no se detenía en el conocimiento, o en palabras habladas, sino que el camino del temor a Dios y apartarse del mal guiaba su corazón, dictaba su comportamiento y era, en su corazón, la raíz de su existencia. Que lo hiciera continuamente muestra que, en su corazón, con frecuencia temía pecar él mismo contra Dios y también que lo hicieran sus hijos. Representa el peso que tenía en su corazón el camino del temor a Dios y apartarse del mal. Lo hacía continuamente porque, en su corazón, estaba aterrorizado y temeroso: temeroso de haber cometido alguna maldad y pecado contra Dios, de haberse desviado de Su camino y, por tanto, no poder satisfacer a Dios. Al mismo tiempo, también se preocupaba de sus hijos, temiendo que hubieran ofendido a Dios. Esa era la conducta normal de Job en su vida cotidiana. Es, precisamente, esta conducta normal la que demuestra que el temor de Job hacia Dios y el apartarse del mal no eran palabras vacías, que él vivía de verdad esa realidad. “De esta manera hacía todos los días”: estas palabras nos hablan de los hechos cotidianos de Job delante de Dios. ¿Llegaba hasta Dios su comportamiento y su corazón, al hacer estas cosas de un modo continuado? En otras palabras, ¿se agradaba Dios a menudo de su corazón y su comportamiento? ¿Bajo qué circunstancias y en qué contexto hacía, pues, Job estas cosas continuamente? Algunas personas dicen que Job actuaba así porque Dios se le aparecía con frecuencia; otros afirman que actuaba así, porque se apartaba del mal; y otros que quizá él pensaba que su fortuna no había llegado fácilmente, sabía que Dios se la había concedido, y por tanto estaba profundamente temeroso de perder su propiedad como consecuencia de pecar contra Dios y ofenderle. ¿Son ciertas estas afirmaciones? Desde luego que no. Porque, a los ojos de Dios, lo que Él aceptaba y valoraba más de Job no era tan solo su proceder continuo, sino su conducta delante de Él, del hombre y de Satanás cuando se le entregó a este para ser tentado. Las secciones siguientes ofrecen la prueba más convincente, que nos muestra la verdad de la valoración que Dios hizo de Job. A continuación, leamos los siguientes pasajes de la escritura.

de "La Palabra manifestada en carne (Continuación)"

The Bible quotation in this article are translated from AKJV.

martes, 25 de septiembre de 2018

El amor del Señor me llevó a través del valle de la sombra de la muerte

Por Qian Jin, China
“Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento” (Salmos 23: 4).
Soy cristiana. Trabajé en un hotel. Un día, en el verano de 1997, acababa de almorzar cuando tres policías de treinta y tantos años aparecieron ante mí. Uno de ellos me señaló y dijo: “¡Tú, ven con nosotros”! Sin saber lo que había sucedido, le pregunté: “¿Por qué me estás arrestando”? Sintiéndome desconcertada, mi jefe y mis compañeros también preguntaron: “¿Qué ley ha infringido? ¿Adónde la lleváis”? Esos policías les gruñeron: “¿Qué ley? Ella cree en Dios. Sólo eso es razón suficiente para arrestarla”. Entonces, me pusieron una capucha negra en la cabeza, me arrastraron, me empujaron fuera del hotel y me metieron en su automóvil.
Pronto me llevaron a la comisaría de policía, me esposaron y me encerraron en una habitación oscura. En ese momento estaba muy asustada y oré al Señor: “¡Señor! Tengo mucho miedo y no sé qué van a hacer conmigo. Señor, por favor, ¡quédate conmigo, protégeme! En el Santo nombre del Señor Jesús. ¡Amén!” Después de orar, mi corazón se tranquilizó un poco. Pensando en el maldito Judas que vendió a su Señor y a sus amigos, oré al Señor pidiéndole que me impidiera ser Judas. Poco después, un policía entró y me dijo ferozmente: “¡Di la verdad! ¿Cuántas personas hay en tu iglesia? ¡Dime sus nombres”! En ese momento, seguí orando silencioso al Señor y no pronuncié una sola palabra para él. Mi reacción hizo que él apretara los dientes furioso y me esposara las manos a la espalda, después encadenó mis pies y me colgó boca abajo. Después agarró mi cabeza y la golpeó contra la pared tan fuerte como pudo. Pero aún así, yo no dije nada. Al ver esto, el policía se marchó. Luego vino otro policía y me gritó enojado: “¿Hablarás? Di… ¿cuántos miembros hay en tu iglesia? ¿Cuáles son sus nombres? ¡Confiesa todos sus nombres”! Pero al ser interrogada yo no dije nada. Luego comenzó a insultarme: “¡Eres una mujer asquerosa! ¡No crees en el partido comunista! ¡Crees en Jesús”! Mientras maldecía, me quemaba los labios, la lengua y la garganta con cigarrillos encendidos y me miraba con desprecio, diciendo: “Llama a tu Señor Jesús para que te salve. ¿Por qué tu Señor no viene y te salva? Sólo puedes creer en el partido comunista. ¡Vamos, deprisa, dime sus nombres”! Sin importar cómo me interrogó, simplemente guardé silencio, por lo que el policía continuó quemándome los labios y la garganta. Después de esto, me cogió de la garganta con la mano izquierda y con la otra, salvajemente metió el bastón eléctrico en mi boca. Inmediatamente, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo: mis músculos se agitaron brusca e incontrolablemente; mi boca, mi garganta y mi lengua estaban quemadas; la sangre salía de mi boca. Sentía como si las hormigas me mordisquearan y me atravesaran innumerables flechas… casi entro en coma. Aparte de esto, el policía arrojó agua hirviendo en mis cortes; el dolor era tan insoportable que no pude evitar gritar y entonces metió papel en la boca, para no permitirme gritar. Pero en mi corazón, seguí llamando al Señor: “¡Señor! Por favor sálvame, protégeme, prefiero morir antes que ser Judas. ¡Aleluya, Amén! “Después de orar, sentí algo de consuelo al pensar en las palabras del Señor: “Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros” (Mateo 5: 10-12). También recordé la escena en la que el Señor fue azotado y maltratado por los soldados, y crucificado en la cruz. Para salvarnos a los humanos, el Señor realmente sufrió mucho. Por lo tanto, debemos caminar por el sendero que el Señor había recorrido ya y beber de la copa amarga de la que él había bebido, y me merecía el dolor que estaba sufriendo hoy. Pensando en esto, tuve fuerza y ​​sentí que mi dolor disminuía un poco. En este momento, el policía me sacó el papel de la boca y trató de forzarme una confesión; viendo que seguía sin decir nada, cerró la puerta y se fue.
Cuando el policía se fue, entró una mujer policía de unos cuarenta años. Al ver que todavía estaba colgada cabeza abajo, me bajó al suelo, me abrió las esposas para quitarme la ropa, luego me volvió a esposar a una silla de hierro, y me dejó tendida boca arriba. Después, pisó mis tobillos con unos zapatos de cuero y dijo ferozmente: “China es un país ateo. ¿Por qué crees en Dios? Sólo puedes creer en el partido comunista. Dime qué personas conoces, rápido; si no lo dices hoy, ¡te tendré atada hasta que mueras”! Mientras decía esto, me golpeaba en la cara, en el pecho y en el vientre con el bastón eléctrico. La corriente eléctrica hizo que mis músculos se contrajeran de nuevo y volví a sentir la tortura de ser mordida por las hormigas y atravesada por innumerables flechas. De repente, una descarga cayó sobre mi nariz y la sangre brotó de ella y también de mi boca. Al ver esto, la mujer policía usó un pañuelo para detener la sangre. Mientras hacía esto, ella abusó de mí: “¿Por qué tu madre te dio a luz? Desde que naciste, deberías haber disfrutado de la vida, ¿para qué creer en Jesús”? Entonces, ella se levantó y cogió el bastón eléctrico y lo clavó en mi sexo con todas sus fuerzas. Mientras hacía esto, apretó los dientes y dijo: “Te destrozaré el útero”. Al instante, la sangre y la orina fluyeron y me desmayé bajo una angustia insoportable. No supe cuánto tiempo pasó hasta que me despertó el terrible dolor. Encontré a la mujer policía sosteniendo un cuenco a mi lado y mi cuerpo desnudo completamente empapado y dolorido (más tarde supe que ella había vertido agua con sal en mi cuerpo). En ese momento, me dolía mucho pero sólo pude derramar lágrimas silenciosas porque mi boca estaba bloqueada y no podía ni gritar. Luego, esa mujer policía me dio la vuelta para obligarme a recostarme boca abajo. Ella usó el bastón eléctrico para golpear mi cuerpo bruscamente y lo clavó en mi ano, yo sentí el dolor de mi ano destrozado. En ese momento estaba totalmente asustada pensando en que esa policía me iba a dejar morir. Pero seguí orando a Dios en mi corazón: “¡Señor! ¡Sálvame! No puedo soportarlo más. ¡Estoy muriendo! Sálvame!” Después de mi oración, las palabras del Señor flotaron en mi mente: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Yo estaba consciente. El gobierno del PCCh puede matarme, pero no puede matar mi alma. Además, es el Señor quien me ha dado este aliento y controla mi vida y mi muerte, entonces, ¿qué hay que temer? Pensando en esto, decidí comprometerme a no traicionar al Señor. Y, entonces, milagrosamente, como si mi cuerpo estuviera dormido, dejé de sentir dolor. Sabía que era la maravillosa obra del Señor: Él estaba mostrando su misericordia hacia mí y protegiéndome. Una indescriptible gratitud al Señor se agitó desde el fondo de mi corazón. También vi claramente por qué el gobierno del PCCh odiaba tanto a los creyentes en Dios. De hecho, era el Señor a quien odiaba, por lo que perseguirían cruelmente y cuasarían a cualquiera que crea en el verdadero Dios. Tal como dijo el Señor Jesús: “Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros” (Juan 15:18). Mientras meditaba sobre las palabras del Señor, esa mujer policía comenzó a pincharme todo el cuerpo con agujas y no lo detuvo hasta las cinco p.m. Luego ella se fue.
Cuando llegó la noche, un policía de guardia vino a verme. Con zapatos de cuero, me pisoteó con todo su peso y me sonrió burlonamente: “¿Ahora sientes dolor? Bueno, si me dices los nombres te puedo convertir en policía aquí mismo”. Tenía náuseas al verlo, sintiéndolo una bestia con ropas humanas. Yo sólo creía en el Señor porque quería ser una buena persona y no hice cosas malas; entonces ¿por qué me torturaron cruelmente? Realmente los odié hasta lo más profundo. Pero no pude hablar, solo le miré. Me azotó con un cinturón de cuero y no sé cuántos golpes me dio. Luego comenzó a derramar vino sobre mi cuerpo y al hacerlo, se rió salvajemente y dijo: “¿Por qué tu Señor Jesús no te salva? Si te hubieras casada conmigo, ya te habría abandonado”. Después, me puso una inyección en la cadera con una aguja enorme y comenzó a desabrocharse el cinturón. Yo estaba muy asustada, pensando: ¿Qué va a hacerme? ¿Me va a violar? Lloré incesantemente y supliqué al Señor: “¡Señor! Por favor sálvame. Él es un diablo Satanás. Por favor, no permitas que me humille”. Cuando terminé de orar, lo vi temblar y salir corriendo. Me di cuenta de que aquello era obra del Señor y sentía el calor del Señor en mi corazón. En poco tiempo, comencé a perder el conocimiento y no recuperé el sentido hasta la mañana siguiente.
A la mañana siguiente, a las ocho en punto, dos policías vinieron diciendo: “La hemos torturado duramente, pero ella no ha soltado ni una palabra. Realmente no hay nada que hacer con ella”. Después de decir esto, salieron. Aproximadamente a las nueve, llegó un colega de mi esposo, diciéndoles: “Vengo a recogerla porque su esposo está en el hospital”. Un policía me soltó y me dijo que me fuera. Pero no podía moverme porque todo mi cuerpo estaba hinchado; tampoco podía pronunciar ni una palabra, ni sabía dónde había puesto mi ropa la mujer policía, así que estaba totalmente desnuda. Luego me dieron un pedazo de tela para envolverme y me llevaron a un coche. Al ver que me estaba muriendo, el colega de mi esposo me llevó al hospital y estuve allí una semana, sobreviviendo gracias a una transfusión de sangre porque había perdido demasiada sangre debido a las torturas y ni siquiera podía tragar agua: mi boca y mi garganta estaban quemadas. Una semana después, pude beber un poco de agua y leche. Más tarde, dado que no tenía dinero para pagar mi tratamiento médico, mi corporación pagó el gasto total: 27.500 yuanes por mí, lo cual se debió al amor y a la misericordia de Dios. Después, salí del hospital para terminar de recuperarme en casa; en ese momento todavía sangraba mi sexo y mi boca. Después de llegar a casa, supe que la policía había saqueado mi casa y se habían llevado mi Santa Biblia. En poco tiempo, mi casa de alquiler iba a ser demolida, pero el líder de mi corporación me llevó a la corporación y mis compañeros se turnaban para ocuparse de mí. Todo esto me recordó a los Salmos 23: 4: “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento”. Pensé: sí. Fue la misericordia y la protección del Señor lo que me permitió salir viva de la comisaría de policía. Y ahora que estoy dolorida e impotente, el Señor envía a mis compañeros a cuidarme, dejándome ver su amor por mí y mostrándome que siempre me acompaña. Aunque mi cuerpo comenzó a recuperarse medio año después, los efectos secundarios me acompañaron durante 18 años: todavía salen coágulos de sangre de mi sexo (lo que supuso una menopausia forzada a los cuarenta años) y a veces mi ano todavía sangra. Además, a menudo me siento mareada, me duele la cabeza y mi mente también se embota.
No mucho después de dejar el hospital, la policía vino a mi corporación a buscarme dos veces y cada vez que preguntaban a mis líderes por mi paradero, simplemente respondían que yo no estaba allí, por lo que la policía dejó de venir. Habiendo experimentado la persecución y la tribulación, parecía haber caminado por el valle de la sombra de la muerte. Sé que fue el Señor quien personalmente me guió por ese doloroso camino y que fue el Señor quien me apoyó con su vara y bastón para que yo no desfalleciera. Y también he podido apreciar que la misericordia y el amor del Señor son genuinos y grandiosos.
Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

jueves, 6 de septiembre de 2018

El sentido y la práctica de la oración

¿Cómo oráis en la actualidad? ¿Cómo es una mejora en las oraciones religiosas? ¿Qué entendéis realmente sobre el sentido de la oración? ¿Habéis examinado estas cuestiones? Todo aquel que no ora se distancia de Dios, sigue su propia voluntad; la ausencia de oración indica distancia con Dios y traición hacia Él.



¿Cuál es vuestra experiencia real con la oración? Justo ahora, la obra de Dios ya se está acercando a su fin y la relación entre Él y el hombre se pone de manifiesto en la oración del hombre. ¿Cómo te comportas cuando las personas de rango inferior te adulan y te elogian por los resultados de tu obra? ¿Cómo reacciones cuando las personas te hacen sugerencias? ¿Oras en la presencia de Dios? Oráis cuando tenéis problemas y dificultades, ¿pero lo hacéis cuando vuestras condiciones son buenas, o cuando sentís que habéis tenido una reunión exitosa? ¡De modo que la mayoría de vosotros no ora! Si tuviste una reunión exitosa, deberías elevar una oración; deberías ofrecer una oración de alabanza. Si alguien te elogia, te vuelves soberbio, sientes que tienes la verdad, caes en la condición errónea, y tu corazón está feliz. No elevas una oración de alabanza, y menos aún de acción de gracias. El resultado de caer en esta condición es que tu siguiente reunión será insulsa, no hallarás palabras que decir, y el Espíritu Santo no obrará. Las personas no entienden sus propias condiciones, llevan a cabo un poco de obra y disfrutan del fruto de su trabajo. En una condición negativa, es difícil decir cuántos días necesitarán para recuperarse. Esta clase de condición es la más peligrosa. Todos oráis cuando tenéis un problema o cuando no veis las cosas con claridad; oráis cuando tenéis dudas y vacilaciones sobre algo o cuando vuestro carácter corrupto ha quedado al descubierto. Sólo oráis cuando necesitáis algo. También debes orar cuando tienes algunos éxitos en tu trabajo. Cuando logras algunos resultados en tu trabajo, te entusiasmas, y una vez entusiasmado, no oras; siempre estás contento y atrapado en tu interior. Algunos de vosotros recibís disciplina en este momento: cuando sales a comprar, encuentras un escollo y algo te va mal; el dependiente profiere muchas palabras duras que te hacen sentir incómodo y bajo presión, y sigues sin saber cómo has pecado contra Dios. De hecho, la mayor parte del tiempo, Dios usa el entorno externo para disciplinarte; por ejemplo, Él emplea cosas como un incrédulo que te maldice, o hace que te roben el dinero para que te sientas incómodo. Al final, vendrás a la presencia de Dios para orar y, mientras lo haces, saldrán algunas palabras. Llegarás a reconocer que tu condición no era correcta; por ejemplo, estabas satisfecho y complacido contigo mismo, entonces te sentirás asqueado por tu autosatisfacción. Junto a las palabras de tu oración, la condición incorrecta dentro de ti se revertirá. Tan pronto como ores, el Espíritu Santo obrará en ti; Él te proporcionará un tipo de sentimiento y te hará salir de la condición incorrecta. La oración no consiste sólo en buscar. No se trata de que ores cuando necesitas a Dios y no ores cuando no lo necesitas. ¿Has descubierto que si pasas mucho tiempo sin orar, aunque tengas energía y no seas negativo, o sientas que tu condición interior es especialmente normal, percibirás que estás haciendo las cosas por ti mismo y que no hay resultados en lo que haces?

Ya he dicho antes: “Las personas están implicadas en sus propios asuntos y hacen lo que les apetece”. Hoy día, las personas no oran cuando trabajan; Dios no está en absoluto en sus corazones, y piensan: “Lo haré simplemente conforme a las disposiciones de la obra y, en cualquier caso, no haré nada incorrecto ni alteraré nada…”. No oraste y tampoco diste gracias. ¡Esta condición es terrible! Con frecuencia sabes que esta condición no es correcta, pero si no tienes el método apropiado, no puedes darte la vuelta. Aunque supieras la verdad, no serías capaz de practicarla; aunque entendieras tu condición interior indebida (ser arrogante, corrupto, o rebelde), no serías capaz de solucionarla ni de suprimirla. Las personas están ocupadas, trabajan en lo suyo y no prestan atención a la obra ni a la operación del Espíritu Santo. Sólo se preocupan de sus propios asuntos y, en consecuencia, el Espíritu Santo las abandona. Una vez que esto ocurra, te sentirás oscuros y secos; no recibirás ni una pizca de nutrición ni de placer. Muchas personas sólo oran una vez cada medio año. Se ocupan de sus asuntos y hacen su trabajo, pero se sienten embotados y, en ocasiones, piensan: “¿Qué estoy haciendo, y cuándo llegará esto a su fin?”. Incluso estos pensamientos surgirán. ¡No orar durante un extenso tiempo es muy peligroso! ¡La oración es tan fundamental! La vida de la iglesia carente de oración hace que las reuniones sean muy apagadas y secas. Por tanto, cuando estáis juntos, debéis orar y siempre ofrecer alabanza, y el Espíritu Santo obrará especialmente bien. La fuerza que el Espíritu Santo da a las personas no tiene fin; ellas pueden usarla en todo momento, sin agotarla: siempre está disponible. Cuando te apoyas en ti mismo, puedes tener don de palabra, pero si el Espíritu Santo no obra en esto, ¿qué eres capaz de lograr? A menudo, las personas oran de tres a cinco veces con una o dos frases solamente: “Oh Dios, te doy las gracias, te alabo”, después no tienen nada más que decir, no pueden abrir su boca. ¿Qué nivel de creencia es este? ¡Es muy peligroso! ¿Verdad? Las personas creen en Dios, pero ni siquiera tienen palabras para alabarle o darle gracias ni tampoco para dar gloria a Dios. Ni siquiera se atreven a pronunciar las palabras “pido a Dios”, y están demasiado avergonzadas de proferirlas. ¡Son demasiado degeneradas! A pesar del hecho de que recurras a Dios y de que lo admites en tu corazón, si no vienes ante la presencia de Dios y tu corazón está lejos de Él, el Espíritu Santo no obrará. En especial vosotros, los líderes, debéis orar cada mañana al despertar. Después de orar, vuestro día será particularmente bueno y enriquecedor, y sentiréis al Espíritu Santo a vuestro lado, protegiéndoos en todo momento. Si no oras durante un día, o si pasan de tres a cinco días sin hacerlo, te sentirás especialmente solo y desolado. Echarás de menos a tus seres queridos y tu impulso y tu deseo serán especialmente grandes.

He descubierto que todas las personas tienen un problema: cuando tienen una dificultad, acuden a la presencia de Dios, pero la oración es la oración y los problemas son los problemas; las personas piensan que no deberían hablar de problemas cuando oran. Rara vez eleváis una oración verdadera, y algunos de vosotros ni siquiera sabéis cómo orar; de hecho, la oración es principalmente dar voz a lo que hay en vuestro corazón, tan sencillo como una conversación normal. Sin embargo, algunas personas adoptan la posición errónea cuando oran, e independientemente de que se conforme o no a la voluntad de Dios, le exigen recibir lo que piden. Como resultado, cuanto más oran más insulsos se vuelven. Cuando oras, independientemente de lo que pida, desee y exija tu corazón, o cuando deseas ocuparte de algunos asuntos que no entiendes del todo y le pides a Dios sabiduría, fuerza o esclarecimiento, debes ser razonable en tu forma de hablar. Si no lo eres, y te arrodillas y oras: “Dios, dame poder y déjame ver mi naturaleza; te pido que lo hagas. O, te pido que me des esto o aquello, Te pido que me dejes ser de esta forma o de aquella”, esta palabra “pedir” conlleva un elemento de fuerza, y es como ejercer presión sobre Dios para que Él lo haga. Lo que es más, estás predeterminando tus propios asuntos. El Espíritu Santo ve tales oraciones así: como ya lo has predeterminado tú mismo y quieres hacerlo así, ¿cuál será el resultado de este tipo de oración? Deberías buscar y someterte en tus oraciones; por ejemplo, si te sobrevino un problema que no supiste manejar, dices: “¡Oh Dios! Este problema ha caído sobre mí, y no sé cómo manejarlo. Estoy dispuesto a satisfacerte en este asunto, estoy dispuesto a buscarte, deseo que Tu voluntad se lleve a cabo, actuar según Tus propósitos, y no según los míos. Sabes que los propósitos del hombre quebrantan Tu voluntad; se resisten a Ti y no se conforman a la verdad. Sólo deseo comportarme conforme a Tus propósitos. Te pido que me esclarezcas y guíes en este tema, para que no Te ofenda…”. Este es el tono de voz adecuado en la oración. Si dices simplemente: “Oh Dios, te pido que me ayudes y guíes; que prepares un entorno adecuado y personas adecuadas para mí, de forma que pueda irme bien en mi trabajo”, cuando esta clase de oración termina, sigues sin saber cuál es la voluntad de Dios, porque estás intentando hacer que Él haga las cosas según tus propósitos.

Ahora necesitáis comprender si las cosas que decís en vuestras oraciones son razonables o no. Independientemente de si eres necio o si estás orando deliberadamente de esta forma, si tus oraciones no son razonables, el Espíritu Santo no obrará en ti. Por tanto, cuando oras, las palabras que dices deben ser razonables, y tu tono ser el apropiado: “¡Oh Dios! Tú conoces mis debilidades y mi rebeldía. Sólo te pido que me des poder, para que pueda resistir las pruebas de este entorno. Sin embargo, que sea según Tu voluntad. Sólo estoy pidiendo esto y no sé cuál es Tu voluntad, pero deseo que Tu voluntad se haga; tanto si me usas en el servicio como si haces que yo sirva de contraste; estoy dispuesto a ambas cosas. No obstante, Te pido fuerza y sabiduría para que me permitas satisfacerte en este asunto. Sólo estoy dispuesto a someterme a Tus disposiciones…”. Después de orar de esta forma, te sentirás especialmente firme. Si sólo eres persistente en pedir y pedir, cuando hayas terminado de pedir tan sólo quedará un montón de palabras vacías, porque ya has predeterminado tus propósitos. Cuando te arrodillas para orar, deberías decir algo así: “¡Oh Dios! Tú conoces mis debilidades y mis condiciones. Te pido que me esclarezcas en este asunto y me hagas entender Tu voluntad. Sólo deseo someterme a todas Tus disposiciones y mi corazón desea someterse a Ti…”. Si oras de esta forma, el Espíritu Santo te conmoverá; pero si la dirección de tu oración no es la correcta, se volverá insulsa y seca, y el Espíritu Santo no te conmoverá. Sólo estás murmurando, orando en silencio, o cerrando los ojos y pronunciando algunas palabras a tu antojo, y esto no es más que superficialidad. Si eres superficial, ¿obrará el Espíritu Santo? Todas las personas que vienen ante la presencia de Dios deben comportarse de forma adecuada y mostrar piedad. Durante la Era de la Ley, cuando los sacerdotes ofrecían sacrificios, todos se arrodillaban. La oración no es una cosa tan simple. Las personas vienen delante de Dios, pero siguen siendo desafiantes e incontroladas, y quieren acostarse en su cama y cerrar los ojos. ¡Esto es inaceptable! Si te acuestas en tu cama y oras, creyendo que Dios te oirá, ¡no estás mostrando piedad! No digo estas cosas para exigir a las personas que sigan algunas reglas específicas; como mínimo, sus corazones deben volverse a Dios y ellas deben tener una actitud de piedad en la presencia de Dios.

Vuestras oraciones carecen de razón con demasiada frecuencia; todas tienen este tono de voz: “¡Oh Dios! Como me has permitido ser un líder, tienes que hacer que todo lo que hago sea adecuado para que Tu obra no sea interrumpida y que los intereses de la familia de Dios no sufran pérdidas. Debes hacer que yo haga las cosas de esta forma…”. ¿Es esto necesario? ¡Esta oración no es razonable! ¿Puede obrar Dios en ti cuando vienes a Su presencia y oras de manera tan irracional? Si vinieras a la presencia de Cristo y me hablaras sin razón, ¿escucharía Yo? ¡Serías echado a patadas! ¿Acaso no es lo mismo estar en la presencia del Espíritu y en la presencia de Cristo? Cuando vienes a la presencia de Dios para orar, debes pensar sobre cómo hablar razonablemente y qué decir para poder convertir tu condición interior en piedad. Humíllate, luego eleva una oración y sentirás algo. Con frecuencia, cuando las personas oran, se arrodillan, cierran los ojos y no dicen nada; sencillamente repiten: “¡Oh Dios, oh Dios!”. Sólo dicen estas dos palabras, y claman durante un rato sin decir nada más. ¿Por qué ocurre esto? Tu condición no es correcta. ¿Os pasa esto a veces? En lo que a vuestra situación actual se refiere, sabéis qué sois capaces de hacer, hasta qué nivel podéis hacerlo, y sabéis quienes sois. Sin embargo, a menudo vuestra condición es anormal. En ocasiones, tu condición se resuelve, pero no sabes cómo se solucionó, y muchas veces oras sin palabras, y piensas que es porque no eres culto. ¿Necesitas ser educado para orar? La oración no es escribir un ensayo, sino tan sólo hablar según la razón de una persona normal. Considera la oración de Jesús (mencionar la oración de Jesús no es hacer que las personas adopten el mismo ángulo y posición que Él); Él oró en el Huerto de Getsemaní: “Si quieres…”. Es decir, “si es posible”. Ocurre por medio de la consulta y no por decir: “Te pido”. Él mantenía un corazón sumiso en Su oración, y en Su estado de sumisión, oró: “Si es posible, pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú”. Él siguió orando así la segunda vez, y la tercera vez oró: “Que se haga Tu voluntad”. Él comprendió la voluntad de Dios Padre, y dijo: “Hazte Tu voluntad”. Él fue capaz de someterse por completo sin escogerse a sí mismo en el más mínimo grado. Él dijo: “Si es posible, pase de Mí esta copa”. ¿Qué significa esto? Se trataba de la idea de desangrarse en la cruz hasta Su último hálito de vida, en medio de un dolor terrible. Implicaba la muerte y lo dijo bajo la premisa de que Él aún no había comprendido por completo la voluntad de Dios Padre. Él fue muy sumiso ya que pudo orar de esa forma a pesar de pensar en el dolor de ser crucificado. Su oración fue normal; Él no oró para regatear ni para decir que aquello debía eliminarse, sino más bien para buscar los propósitos de Dios en una situación que Él no entendía. La primera vez que Él oró, no entendía y dijo: “Si es posible… pero sea como Tú quieras”. Él oró a Dios en un estado de sumisión. La segunda vez, oró de una forma parecida. En total, oró tres veces (por supuesto estas tres oraciones no se produjeron simplemente en tres días), y en Su oración final, entendió completamente los propósitos de Dios. Después, no pidió nada más. En Sus dos primeras oraciones, Él buscó y, al buscar, seguía en un estado de sumisión. Sin embargo, las personas no oran a Dios así. Ellas dicen: “Te pido que hagas esto y aquello, y te pido que me guíes en esto y aquello, y te pido que prepares condiciones para mí…”. Quizás Él no preparará condiciones adecuadas para ti y permitirá que sufras dificultades. Si las personas dijeran siempre: “Dios, te pido que hagas preparativos para mí y me des poder”, ¡la oración sería tan irracional! Debes hacer uso de razón cuando oras, y debes orar bajo la premisa de la sumisión. No decidas. Antes de orar, estás decidiendo: Debo pedirle a Dios y decirle lo que tiene que hacer. ¡Esta clase de oración es tan poco razonable! Con frecuencia, el Espíritu no escucha en absoluto las oraciones de las personas y, por tanto, sus oraciones son insulsas.

Aunque las personas se arrodillan para orar en un ámbito intangible, hablan y oran, debes entender que las oraciones de las personas son también un canal para que el Espíritu Santo obre. Cuando las personas oran y buscan en el estado correcto, el Espíritu Santo también obra al mismo tiempo. Estos son dos aspectos por los cuales Dios y las personas pueden coordinarse con éxito entre sí o, en otras palabras, es Dios ayudando a las personas a ocuparse de los asuntos. Esto es un tipo de colaboración del hombre en la presencia de Dios; también es un método para que Dios haga completas a las personas. Es, todavía más, la senda para la entrada normal de las personas en la vida; no es una ceremonia. La oración no tiene que ver simplemente con estimular la fuerza de uno o proclamar algunos eslóganes; no es así. Si eso fuera todo, bastaría con ponerse en movimiento y gritar algunos eslóganes; no habría necesidad de pedir nada ni de adorar, ni de piedad. ¡El sentido de la oración es muy profundo! Si oras con frecuencia, sabes cómo hacerlo, y oras a menudo de forma sumisa y razonable, tu condición será particularmente normal en tu interior. Si oras frecuentemente con algunos eslóganes y no tienes una carga ni reflexionas en si estás hablando de manera razonable o no en tu oración, y qué tipo de lenguaje no es adoración verdadera ni te tomas nunca en serio estos asuntos, tus oraciones no tendrán éxito y la condición en tu interior siempre será anormal. No entrarás nunca en profundidad en las lecciones respecto a lo que es la razón normal, la sumisión verdadera, la verdadera adoración, y dónde mantenerse. Todos estos asuntos son sutiles. Como la mayoría de las personas tienen poco contacto conmigo, sólo pueden venir a la presencia del Espíritu y orar. Cuando oras, esto implica si tus palabras son razonables, si son sobre adoración verdadera, si Dios te alaba por las cosas que pides, si tus palabras son sobre transacciones, si hay impurezas humanas en tus palabras, si tus palabras, tus acciones y tus determinaciones están de acuerdo con la verdad; si sientes una gran reverencia, respeto y sumisión hacia Dios, y si tratas realmente a Dios como tal. Debes ser serio y sincero con las palabras que oras cuando no estás en la presencia de Cristo. Sólo de esta forma puedes ser normal en la presencia de Cristo. Si no eres serio en la presencia del Espíritu, cuando vengas a la presencia del hombre (Cristo), siempre estarás en conflicto, no tendrás razón en tus palabras, no serás sincero en ellas, o siempre interrumpirás con tus palabras y tus acciones. Después de que el asunto haya terminado, siempre te reprocharás a ti mismo. ¿Por qué estás siempre reprochándote a ti mismo? Porque normalmente no tienes entendimiento de la verdad en tu adoración de Dios y en cómo lo tratas. Por tanto, cuando los asuntos vienen sobre ti, te confundes y no sabes cómo practicar, y siempre harás mal las cosas. ¿Cómo vienen a la presencia de Dios las personas que creen en Él? Por medio de la oración. Cuando ores, examina cómo hablar con razón, cómo hablar en el lugar correcto para las personas, cómo hablar en un estado de sumisión, y qué tipo de lenguaje incomoda a tu corazón (con la excepción de las oraciones que no se pronuncian con sinceridad). Sería mucho mejor si practicaras durante un período de tiempo y después vinieras a la presencia de Dios. Normalmente, tus oraciones en la presencia del Espíritu no son razonables y nunca te centras en esto. Crees que Dios no te ve, por lo que puedes decir lo que quieras, y si dices algo incorrecto no pasa nada. No tienes cuidado y estás todo el día atolondrado; en consecuencia, cuando vienes a la presencia de Cristo, tienes miedo de decir o hacer algo incorrecto. Aunque temas decir algo incorrecto, dirás algo incorrecto; aunque tengas miedo de hacer algo incorrecto, estás destinado a cometer errores; aunque tengas miedo de endeudarte, seguro que te endeudarás, y no podrás compensar tu deuda. Y es que el hombre no puede contactar con Cristo a menudo ni oírlo hablar con él cara a cara. Sólo puedes venir con frecuencia a la presencia del Espíritu para orar, buscar y someterte, porque aunque Yo te hablara cara a cara, tendrías que confiar en ti mismo para caminar por esta senda. De ahora en adelante, tenéis que prestar más atención a lo que decís cuando oráis. Cuando ores, medites, y sientas, y el Espíritu Santo te esclarezca, harás progresos en este aspecto. El sentimiento esclarecedor del Espíritu Santo es especialmente sutil. Si tienes estos sentimientos y este reconocimiento sutiles, si después haces algunas cosa y manejar algunas cosas, o te ocupas de algunas cosas al tener contacto con Cristo, serás capaz de reconocer qué palabras tienen razón, cuáles no la tienen, qué cosas tienen razón, y cuáles no la tienen. Esto cumple los propósitos de la oración.

Muchas personas de la Biblia oraron y no sacaron conclusiones apresuradas después de discutir algo. El Espíritu Santo lo determinaba todo, en última instancia, por medio de la oración. El ataque a Jericó se realizó por medio de la oración; el pueblo de Nínive se arrepintió y pidió perdón a Dios también a través de la oración. La oración no es una ceremonia; hay mucho sentido en ella. Podemos ver en las oraciones de las personas que están sirviendo a Dios directamente. Si lo consideras una ceremonia, sin duda no servirás bien a Dios. Puede decirse que si tus oraciones no son serias o sinceras, Dios no te tendrá en cuenta, te ignorará. Si te ignora, ¿obrará en ti el Espíritu Santo? Por tanto, pierdes energía al hacer tu trabajo. De ahora en adelante, no puedes trabajar sin orar. La oración produce obra y servicio. Eres un líder y una persona que sirve a Dios, pero nunca te has entregado a la oración y nunca has sido serio en tus oraciones. Si sirves de esta forma, fracasarás. ¿Qué cualificaciones tiene el hombre para no orar? ¿Porque Dios se hizo carne? Esa no es una razón. En ocasiones también oro. Cuando Jesús estaba en la carne, Él oró cuando sobrevinieron asuntos críticos sobre Él. Él oró en un monte, en un barco, en el huerto, y guió a Sus discípulos a orar. Si vienes a la presencia de Dios a menudo y oras con frecuencia, esto demuestra que te tomas a Dios en serio. Si realizas obra por ti mismo con frecuencia y no oras a menudo, si sueles hacer esto y aquello a Sus espaldas, entonces no sirves a Dios, sino que haces las cosas a tu manera. ¿No estás condenado, acaso, por hacer las cosas a tu manera? Si se contempla desde fuera, no parece que hayas hecho nada perturbador ni que hayas blasfemado a Dios, sino que haces lo que te concierne. ¿No estás interrumpiendo? Aunque desde fuera parece que no estás interrumpiendo, te estás resistiendo a Dios por naturaleza.

Todas las personas han experimentado esto: las cosas que se presentan de un modo en el que no las desean resultan especialmente difíciles de soportar; cuando se sienten incómodas, hablarán con alguien y, después de un rato, ya no se sentirán incómodas. Pero esto no resolverá su condición. En ocasiones, cuando les sobrevienen dificultades en el trabajo, se sienten presionadas, y cuando llegan sobre ellas el trato y la poda, se sienten especialmente presionadas… ¿Cuántas veces vinieron ellas ante la presencia de Dios a orar durante estas incomodidades? Cada vez hicieron sus propios ajustes y se dieron la vuelta de una forma atolondrada. Así pues, las personas creen en Dios, pero Él no está en sus corazones. Todas están haciendo cosas a ciegas y sin valor, como el mendigo que recoge un poco de esto y un poco de aquello del cubo de la basura, y llena su bolso; pero esto no vale nada y se hace de una forma completamente ciega. Las personas se desvían frecuentemente de la senda correcta, se alejan de ella de cuando en cuando. Se puede percibir la naturaleza de las personas en esto. La naturaleza de las personas es traicionar. No tienen a Dios después de que han trabajado por algún tiempo. Incluso piensan: “Yo creo en Dios; ¿cómo no tengo a Dios? ¿No estoy trabajando, acaso, para Él?”. Tu corazón no tiene a Dios, te distancias de Él y lo traicionas en todo lo que haces. La oración es una cosa muy profunda: si sigues sirviendo sin ni siquiera orar, estás sirviendo en vano. Tu condición se volverá más anormal y tendrás menos resultados. La oración no tiene nada que ver con lo buenas que sean tus palabras mientras oras; sólo necesitas pronunciar las palabras de tu corazón y hablar con sinceridad, según tus dificultades. Habla desde la perspectiva de ser una parte de la creación y de la sumisión: “Oh Dios, sabes que mi corazón es demasiado duro. Oh Dios, guíame en este asunto; sabes que tengo debilidades, soy demasiado deficiente e inadecuado para que Tú me uses. Soy rebelde e interrumpo Tu obra cuando hago cosas; mis acciones no se conforman a Tu voluntad. Te pido que hagas Tu propia obra y nosotros sólo obedeceremos y colaboraremos…”. Si no puedes decir estas palabras, estás acabado. Algunas personas piensan: “Cuando oro debo discernir si la oración es razonable o no; es imposible orar”. Esto no es un problema. Practica durante un tiempo y lo conseguirás. Ora y sabrás si hay palabras que no son apropiadas. Cuando las personas oran, su relación con Dios es la relación más directa. La relación entre las personas y Dios se vuelve la más íntima durante la oración. ¿Puedes arrodillarte habitualmente y orar de inmediato cuando estás haciendo algo? No puedes. La relación de las personas con Dios es la más estrecha cuando ellas se arrodillan y oran. Cuando estés leyendo las palabras de Dios, si oras y lees de nuevo, sentirás de forma diferente. Si no oras durante un período de tiempo, no entenderás las palabras de Dios cuando las leas. No conocerás su significado cuando hayas terminado de leer.

Orar y buscar en la presencia de Dios no tiene que ver con obligar a Dios a hacer esto y aquello. ¿Qué es una oración razonable? ¿Qué es una oración irrazonable? Lo sabrás después de ganar experiencia durante algún tiempo. Por ejemplo, después de orar esta vez, sientes que el Espíritu Santo no hace esto de esa forma ni te guía de aquella. Cuando ores la próxima vez, no orarás así, no obligarás a Dios como lo intentaste la última vez ni le pedirás cosas según tu propia voluntad. Dirás: “¡Oh Dios! Todo se hace según Tu voluntad”. Si te centras en este enfoque, y avanzas a tientas por un tiempo, sabrás qué es “irrazonable”. También hay una clase de situación en la que las personas sienten en su espíritu que cuando oran según sus propias intenciones, se vuelven aburridas, mudas, torpes y no tienen nada que decir. Cuanto más dicen, más engorroso se vuelve. Esto demuestra que cuando oras así, lo haces siguiendo por completo a la carne, y el Espíritu Santo no obra ni te guía de esa forma. Es cuestión de avanzar a tientas y de experiencia. Aunque Yo terminara de hablarte justo ahora, cuando experimentes esto, podrías tener algunas situaciones especiales. La oración trata, fundamentalmente, de hablar con sinceridad: “¡Oh Dios! Tú conoces la corrupción del hombre, y hoy he hecho otra cosa irrazonable. Yo tenía un propósito en mi interior, pero soy astuto. En ese momento no lo hice según Tu voluntad ni la verdad, sino más bien según mi propio propósito, y me defendí. Ahora reconozco mi corrupción, te pido que me esclarezcas más y me permitas entender la verdad y ponerla en práctica de forma que pueda quitar estas corrupciones”. Habla de esta forma; confiesa y habla sinceramente sobre asuntos reales: “¡Oh Dios! Estoy dispuesto a quitar mi corrupción, a buscar cambiar mi carácter y a poner la verdad en práctica”. Con frecuencia, las personas no oran realmente, sino que se limitan a pensar y reflexionar; tan sólo tienen conciencia mental y arrepentimiento. Sin embargo, no entienden del todo la verdad, lo que debe hacerse por medio de la oración. Después de orar, el grado de tu entendimiento será mucho más profundo que si sólo tuvieras que reflexionar. El Espíritu Santo obra para conmoverte, y la condición, los sentimientos, y la emoción que Él te proporciona te permite tener un entendimiento profundo de este asunto, y tu grado de remordimiento también será especialmente profundo. Te arrepentirás de este asunto en lo más profundo y, por tanto, lo entenderás por completo. Si te limitas a examinarte a ti mismo de forma superficial y, después, no tienes una senda adecuada para practicar ni progresas en la verdad, no serás capaz de cambiar. Por poner un ejemplo, en ocasiones, cuando las personas toman una determinación, piensan: “Debo erogarme con diligencia por Dios y corresponder diligentemente a Su amor”. Cuando este propósito motiva tu erogación, tu entusiasmo no será necesariamente muy grande ni invertirás necesariamente todo tu corazón en este aspecto. Sin embargo, si te conmueves cuando oras y después tomas una determinación: “Estoy dispuesto a sufrir dificultades, estoy dispuesto a recibir pruebas de Ti, estoy dispuesto a someterme por completo a Ti. Por muchas dificultades que puedan existir, estoy dispuesto a corresponder a Tu amor. Disfruto de Tu gran amor y de esta gran exaltación. Estoy agradecido a Ti desde el fondo de mi corazón y te doy la gloria a Ti”. Con este tipo de oración, serás dotado de poder; este es el resultado obtenido de la oración. Después de orar, el Espíritu Santo esclarecerá e iluminará a las personas, las guiará, y les dará la fe y la valentía para poner en práctica la verdad. Algunas personas leen la palabra de Dios cada día y no producen estos resultados. Después de leer las palabras de Dios, de hablar y comunicar, sus corazones serán brillantes, y tendrán una senda. Si el Espíritu Santo también te emociona de alguna manera, te da cargas y te guía, será diferente. Si te conmueves un poco cuando lees simplemente las palabras de Dios, y derramas lágrimas en ese momento, esa emoción se desvanecerá después de trabajar durante un tiempo. Si elevas una oración con lágrimas, una oración seria o una sincera, tu energía no disminuirá tres días después de acabar de orar. ¿No tenéis todos esta clase de experiencia? Este es el resultado obtenido de la oración, cuyo propósito es que las personas puedan venir a la presencia de Dios y recibir las cosas que Él pretende darles. Si oras y vienes ante la presencia de Dios con frecuencia, entonces compartirás con Dios frecuentemente, tendrás una relación apropiada con Dios y Él siempre te conmoverá, siempre recibirás Sus provisiones; y por tanto, serás transformado, tus condiciones mejorarán siempre y no retrocederán. Sobre todo, cuando los hermanos y las hermanas se unen en oración. Cuando la oración ha terminado, hay una cantidad de energía excepcionalmente grande, el rostro de todos está lleno de sudor y sienten que ganan muchas cosas. De hecho, después de algunos días de estar juntos no habían comunicado mucho; fue la oración la que estimuló su energía, y desean poder abandonar al mismo tiempo a sus familias y al mundo, desean poder renunciar a todo, excepto a Dios. Ves lo grande que es su energía. ¡El Espíritu Santo obra para dar este poder a las personas y estas nunca lo disfrutan hasta saciarse! Si no confías en este poder, y endureces tu corazón y te obcecas; o si confías en tu propia fuerza de voluntad y tus aspiraciones, ¿dónde puedes ir? No llegarás lejos antes de tropezar y caer ni tendrás ese poder cuando te vayas. Las personas deben mantener el contacto con Dios de principio a fin, sin embargo, se desprenden de Él durante el camino. Dios es Dios, las personas son las personas, y van por caminos independientes. Dios pronuncia Su palabra y las personas caminan por sus propias sendas. Ellas y Dios están en dos sendas. Cuando las personas no tienen fuerza en su creencia, vienen a Dios y oran, y dicen algunas palabras para obtener un poco de fuerza. Después de tener un poco de fuerza, huyen. Tras correr durante algún tiempo, se les acaban las fuerzas, y vuelven a Dios y le piden un poco más de fuerza. Las personas son así y no pueden mantenerse por mucho tiempo. Cuando las personas dejan a Dios, ya no tienen camino.

Me he dado cuenta de que muchas personas carecen especialmente de la capacidad de contenerse. ¿Por qué ocurre esto? Las personas no oran nunca y, al no orar, se vuelven disolutas; una vez alcanzan este estado, no tienen piedad ni humildad; simplemente prestan atención a la humanidad, a la integridad, y a conocer su naturaleza corrupta. Las personas ignoran cómo obra realmente el Espíritu Santo, cómo conmueve a las personas, y cómo deberían buscar la voluntad de Dios en su vida diaria. Ellas sólo creen en sus corazones que Dios realmente existe. La creencia de las personas en Dios es meramente un reconocimiento de Dios, y eso es diferente de las cosas de la vida en el espíritu. Es simplemente el mundo del materialismo y niega las cosas espirituales. Por tanto, mientras las personas están caminando, se desvían y caen de cabeza en la zanja. Sin oración, su práctica de la verdad sólo puede adherirse a un principio en un ámbito determinado; sólo practican reglas. Aunque no ofendes a Dios al cumplir las disposiciones de arriba, sólo estás obedeciendo las normas. Los sentimientos espirituales de las personas están, hoy día, adormecidos y son lentos. Existen muchas cosas sutiles en la relación de las personas con Dios, como sentirse espiritualmente conmovido o esclarecido; pero las personas no sienten esto, son demasiado insensibles. Es como cantar: cuando las personas no cantan a menudo, no están seguras de la melodía. Las personas no leen la palabra de Dios y nunca conectan con las cosas de la vida espiritual. No conocen sus propias condiciones. Sin orar y sin la vida de iglesia, es imposible comprender la condición de la vida espiritual. ¿Os sentís así? Para creer en Dios, es necesario orar. Sin orar, no tienes la imagen de creer en Dios. Ahora decimos: no hay necesidad de regulaciones, el hombre puede orar en cualquier momento y en cualquier lugar. Así, algunas personas oran muy raramente; se levantan por la mañana y no oran. Se peinan, se lavan la cara, y después leen y cantan. Por la noche se acuestan y se duermen sin orar. ¿Os sentís así? Si te limitas a leer la palabra de Dios sin orar, serás como un incrédulo que lee la palabra de Dios y no la entiende. Sin oración, tu corazón no puede entregarse del todo ni puedes tener sentimientos sutiles ni emociones en tu espíritu. Estarás adormecido y serás lento, y simplemente dirás las cosas externas sobre transformar tu carácter. Pareces creer en Dios, pero, en realidad, las profundidades de tus sentimientos no llegan muy lejos. No pareces creer en Dios, y no puedes orar por mucho que lo intentes. Esto ya es muy peligroso. Estás muy lejos de Dios, es como si Dios no estuviese en tu corazón. Volver al espíritu para orar no interrumpe la ajetreada obra del exterior; no sólo no provoca interrupción, sino que es ventajoso para la obra.


El misterio de la encarnación

La Biblia dice: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: El fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, cont...