Hoy, al creer en Dios, procuramos la verdad, y seguimos el camino de la vida, nos enfrentamos a la persecución del gran dragón rojo. Esto tiene sentido. Es porque Dios utiliza al Partido Comunista Chino como instrumento para perfeccionar a los vencedores, mientras descubre y elimina a aquellos que no creen sinceramente en Dios y no aman la verdad.
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martes, 29 de enero de 2019
lunes, 28 de enero de 2019
En China, la obra de Dios de los últimos días emplea al gran dragón rojo al servicio para hacer a los vencedores. ¿Por qué sólo pueden hacer verdaderos vencedores la persecución y el ambiente hostil del gran dragón rojo?
Versículos bíblicos como referencia:
“Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí” (Mateo 5:10-11).
martes, 25 de septiembre de 2018
El amor del Señor me llevó a través del valle de la sombra de la muerte
Por Qian Jin, China
“Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento” (Salmos 23: 4).
Soy cristiana. Trabajé en un hotel. Un día, en el verano de 1997, acababa de almorzar cuando tres policías de treinta y tantos años aparecieron ante mí. Uno de ellos me señaló y dijo: “¡Tú, ven con nosotros”! Sin saber lo que había sucedido, le pregunté: “¿Por qué me estás arrestando”? Sintiéndome desconcertada, mi jefe y mis compañeros también preguntaron: “¿Qué ley ha infringido? ¿Adónde la lleváis”? Esos policías les gruñeron: “¿Qué ley? Ella cree en Dios. Sólo eso es razón suficiente para arrestarla”. Entonces, me pusieron una capucha negra en la cabeza, me arrastraron, me empujaron fuera del hotel y me metieron en su automóvil.
Pronto me llevaron a la comisaría de policía, me esposaron y me encerraron en una habitación oscura. En ese momento estaba muy asustada y oré al Señor: “¡Señor! Tengo mucho miedo y no sé qué van a hacer conmigo. Señor, por favor, ¡quédate conmigo, protégeme! En el Santo nombre del Señor Jesús. ¡Amén!” Después de orar, mi corazón se tranquilizó un poco. Pensando en el maldito Judas que vendió a su Señor y a sus amigos, oré al Señor pidiéndole que me impidiera ser Judas. Poco después, un policía entró y me dijo ferozmente: “¡Di la verdad! ¿Cuántas personas hay en tu iglesia? ¡Dime sus nombres”! En ese momento, seguí orando silencioso al Señor y no pronuncié una sola palabra para él. Mi reacción hizo que él apretara los dientes furioso y me esposara las manos a la espalda, después encadenó mis pies y me colgó boca abajo. Después agarró mi cabeza y la golpeó contra la pared tan fuerte como pudo. Pero aún así, yo no dije nada. Al ver esto, el policía se marchó. Luego vino otro policía y me gritó enojado: “¿Hablarás? Di… ¿cuántos miembros hay en tu iglesia? ¿Cuáles son sus nombres? ¡Confiesa todos sus nombres”! Pero al ser interrogada yo no dije nada. Luego comenzó a insultarme: “¡Eres una mujer asquerosa! ¡No crees en el partido comunista! ¡Crees en Jesús”! Mientras maldecía, me quemaba los labios, la lengua y la garganta con cigarrillos encendidos y me miraba con desprecio, diciendo: “Llama a tu Señor Jesús para que te salve. ¿Por qué tu Señor no viene y te salva? Sólo puedes creer en el partido comunista. ¡Vamos, deprisa, dime sus nombres”! Sin importar cómo me interrogó, simplemente guardé silencio, por lo que el policía continuó quemándome los labios y la garganta. Después de esto, me cogió de la garganta con la mano izquierda y con la otra, salvajemente metió el bastón eléctrico en mi boca. Inmediatamente, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo: mis músculos se agitaron brusca e incontrolablemente; mi boca, mi garganta y mi lengua estaban quemadas; la sangre salía de mi boca. Sentía como si las hormigas me mordisquearan y me atravesaran innumerables flechas… casi entro en coma. Aparte de esto, el policía arrojó agua hirviendo en mis cortes; el dolor era tan insoportable que no pude evitar gritar y entonces metió papel en la boca, para no permitirme gritar. Pero en mi corazón, seguí llamando al Señor: “¡Señor! Por favor sálvame, protégeme, prefiero morir antes que ser Judas. ¡Aleluya, Amén! “Después de orar, sentí algo de consuelo al pensar en las palabras del Señor: “Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros” (Mateo 5: 10-12). También recordé la escena en la que el Señor fue azotado y maltratado por los soldados, y crucificado en la cruz. Para salvarnos a los humanos, el Señor realmente sufrió mucho. Por lo tanto, debemos caminar por el sendero que el Señor había recorrido ya y beber de la copa amarga de la que él había bebido, y me merecía el dolor que estaba sufriendo hoy. Pensando en esto, tuve fuerza y sentí que mi dolor disminuía un poco. En este momento, el policía me sacó el papel de la boca y trató de forzarme una confesión; viendo que seguía sin decir nada, cerró la puerta y se fue.
Cuando el policía se fue, entró una mujer policía de unos cuarenta años. Al ver que todavía estaba colgada cabeza abajo, me bajó al suelo, me abrió las esposas para quitarme la ropa, luego me volvió a esposar a una silla de hierro, y me dejó tendida boca arriba. Después, pisó mis tobillos con unos zapatos de cuero y dijo ferozmente: “China es un país ateo. ¿Por qué crees en Dios? Sólo puedes creer en el partido comunista. Dime qué personas conoces, rápido; si no lo dices hoy, ¡te tendré atada hasta que mueras”! Mientras decía esto, me golpeaba en la cara, en el pecho y en el vientre con el bastón eléctrico. La corriente eléctrica hizo que mis músculos se contrajeran de nuevo y volví a sentir la tortura de ser mordida por las hormigas y atravesada por innumerables flechas. De repente, una descarga cayó sobre mi nariz y la sangre brotó de ella y también de mi boca. Al ver esto, la mujer policía usó un pañuelo para detener la sangre. Mientras hacía esto, ella abusó de mí: “¿Por qué tu madre te dio a luz? Desde que naciste, deberías haber disfrutado de la vida, ¿para qué creer en Jesús”? Entonces, ella se levantó y cogió el bastón eléctrico y lo clavó en mi sexo con todas sus fuerzas. Mientras hacía esto, apretó los dientes y dijo: “Te destrozaré el útero”. Al instante, la sangre y la orina fluyeron y me desmayé bajo una angustia insoportable. No supe cuánto tiempo pasó hasta que me despertó el terrible dolor. Encontré a la mujer policía sosteniendo un cuenco a mi lado y mi cuerpo desnudo completamente empapado y dolorido (más tarde supe que ella había vertido agua con sal en mi cuerpo). En ese momento, me dolía mucho pero sólo pude derramar lágrimas silenciosas porque mi boca estaba bloqueada y no podía ni gritar. Luego, esa mujer policía me dio la vuelta para obligarme a recostarme boca abajo. Ella usó el bastón eléctrico para golpear mi cuerpo bruscamente y lo clavó en mi ano, yo sentí el dolor de mi ano destrozado. En ese momento estaba totalmente asustada pensando en que esa policía me iba a dejar morir. Pero seguí orando a Dios en mi corazón: “¡Señor! ¡Sálvame! No puedo soportarlo más. ¡Estoy muriendo! Sálvame!” Después de mi oración, las palabras del Señor flotaron en mi mente: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Yo estaba consciente. El gobierno del PCCh puede matarme, pero no puede matar mi alma. Además, es el Señor quien me ha dado este aliento y controla mi vida y mi muerte, entonces, ¿qué hay que temer? Pensando en esto, decidí comprometerme a no traicionar al Señor. Y, entonces, milagrosamente, como si mi cuerpo estuviera dormido, dejé de sentir dolor. Sabía que era la maravillosa obra del Señor: Él estaba mostrando su misericordia hacia mí y protegiéndome. Una indescriptible gratitud al Señor se agitó desde el fondo de mi corazón. También vi claramente por qué el gobierno del PCCh odiaba tanto a los creyentes en Dios. De hecho, era el Señor a quien odiaba, por lo que perseguirían cruelmente y cuasarían a cualquiera que crea en el verdadero Dios. Tal como dijo el Señor Jesús: “Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros” (Juan 15:18). Mientras meditaba sobre las palabras del Señor, esa mujer policía comenzó a pincharme todo el cuerpo con agujas y no lo detuvo hasta las cinco p.m. Luego ella se fue.
Cuando llegó la noche, un policía de guardia vino a verme. Con zapatos de cuero, me pisoteó con todo su peso y me sonrió burlonamente: “¿Ahora sientes dolor? Bueno, si me dices los nombres te puedo convertir en policía aquí mismo”. Tenía náuseas al verlo, sintiéndolo una bestia con ropas humanas. Yo sólo creía en el Señor porque quería ser una buena persona y no hice cosas malas; entonces ¿por qué me torturaron cruelmente? Realmente los odié hasta lo más profundo. Pero no pude hablar, solo le miré. Me azotó con un cinturón de cuero y no sé cuántos golpes me dio. Luego comenzó a derramar vino sobre mi cuerpo y al hacerlo, se rió salvajemente y dijo: “¿Por qué tu Señor Jesús no te salva? Si te hubieras casada conmigo, ya te habría abandonado”. Después, me puso una inyección en la cadera con una aguja enorme y comenzó a desabrocharse el cinturón. Yo estaba muy asustada, pensando: ¿Qué va a hacerme? ¿Me va a violar? Lloré incesantemente y supliqué al Señor: “¡Señor! Por favor sálvame. Él es un diablo Satanás. Por favor, no permitas que me humille”. Cuando terminé de orar, lo vi temblar y salir corriendo. Me di cuenta de que aquello era obra del Señor y sentía el calor del Señor en mi corazón. En poco tiempo, comencé a perder el conocimiento y no recuperé el sentido hasta la mañana siguiente.
A la mañana siguiente, a las ocho en punto, dos policías vinieron diciendo: “La hemos torturado duramente, pero ella no ha soltado ni una palabra. Realmente no hay nada que hacer con ella”. Después de decir esto, salieron. Aproximadamente a las nueve, llegó un colega de mi esposo, diciéndoles: “Vengo a recogerla porque su esposo está en el hospital”. Un policía me soltó y me dijo que me fuera. Pero no podía moverme porque todo mi cuerpo estaba hinchado; tampoco podía pronunciar ni una palabra, ni sabía dónde había puesto mi ropa la mujer policía, así que estaba totalmente desnuda. Luego me dieron un pedazo de tela para envolverme y me llevaron a un coche. Al ver que me estaba muriendo, el colega de mi esposo me llevó al hospital y estuve allí una semana, sobreviviendo gracias a una transfusión de sangre porque había perdido demasiada sangre debido a las torturas y ni siquiera podía tragar agua: mi boca y mi garganta estaban quemadas. Una semana después, pude beber un poco de agua y leche. Más tarde, dado que no tenía dinero para pagar mi tratamiento médico, mi corporación pagó el gasto total: 27.500 yuanes por mí, lo cual se debió al amor y a la misericordia de Dios. Después, salí del hospital para terminar de recuperarme en casa; en ese momento todavía sangraba mi sexo y mi boca. Después de llegar a casa, supe que la policía había saqueado mi casa y se habían llevado mi Santa Biblia. En poco tiempo, mi casa de alquiler iba a ser demolida, pero el líder de mi corporación me llevó a la corporación y mis compañeros se turnaban para ocuparse de mí. Todo esto me recordó a los Salmos 23: 4: “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento”. Pensé: sí. Fue la misericordia y la protección del Señor lo que me permitió salir viva de la comisaría de policía. Y ahora que estoy dolorida e impotente, el Señor envía a mis compañeros a cuidarme, dejándome ver su amor por mí y mostrándome que siempre me acompaña. Aunque mi cuerpo comenzó a recuperarse medio año después, los efectos secundarios me acompañaron durante 18 años: todavía salen coágulos de sangre de mi sexo (lo que supuso una menopausia forzada a los cuarenta años) y a veces mi ano todavía sangra. Además, a menudo me siento mareada, me duele la cabeza y mi mente también se embota.
No mucho después de dejar el hospital, la policía vino a mi corporación a buscarme dos veces y cada vez que preguntaban a mis líderes por mi paradero, simplemente respondían que yo no estaba allí, por lo que la policía dejó de venir. Habiendo experimentado la persecución y la tribulación, parecía haber caminado por el valle de la sombra de la muerte. Sé que fue el Señor quien personalmente me guió por ese doloroso camino y que fue el Señor quien me apoyó con su vara y bastón para que yo no desfalleciera. Y también he podido apreciar que la misericordia y el amor del Señor son genuinos y grandiosos.
Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.
miércoles, 29 de agosto de 2018
¡Compitiendo de esta manera me beneficio enormemente!
Ma Xin
Nota: Como el esposo de la autora no se dedicaba a un trabajo honesto, ella creía en Dios para obtener bendiciones. Poco después de que empezara a creer en Dios, primero su hija enfermó y, después, su esposo se enfrentó al despido por parte de su jefe y empezó a padecer una enfermedad en las piernas.Por medio de las palabras de Dios, la autora comprendió que su idea de creer en Dios para obtener bendiciones no estaba de acuerdo con las intenciones de Dios. Así, Satanás había capturado a la autora, atacándola por este punto débil y mortal. Satanás dañó, engañó y coaccionó a la autora para que dudara de Dios, lo negara y lo traicionara. Una vez que ella entendió los designios de Dios y descubrió las maquinaciones de Satanás, abandonó dos veces su idea de obtener bendiciones en medio de las tentaciones de Satanás. Estaba dispuesta a obedecer las disposiciones y designios de Dios, y pudo ver los frutos maravillosos y la salvación de Dios.
Como mi esposo no se dedicaba a un trabajo honesto, se emborrachaba con frecuencia y no se preocupaba por la familia, a menudo yo me hundía en la amargura y el dolor. En un momento en que no tenía fuerzas para seguir luchando, una pariente me entregó el evangelio del reino de Dios Todopoderoso. Mediante la lectura de la palabra de Dios, entendí que Dios nos dice la verdad y lleva a cabo la obra de juicio de los últimos días para salvar a la raza humana de las garras de Satanás. Nos ordena que comprendamos, obedezcamos y volvamos a Él para que podamos recibir Su protección y cuidado. Como consecuencia, acepté encantada la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y rápidamente empecé mi vida de iglesia. Sin embargo, justo cuando encontré un apoyo firme para mi vida y sentía un gran gozo y alegría, las tentaciones de Satanás se abalanzaron sobre mí como una bestia salvaje sobre su presa y así comenzó una guerra espiritual…
Un día, mi hija llegó a casa del colegio y me dijo: “Mamá, hoy me golpeé la mano con el barandal cuando estaba ayudando a mi profesora a subir unas cosas. Me duele mucho”. Miré su mano preocupada. No estaba roja ni amoratada. Sólo tenía un pequeño corte en la base del pulgar. La consolé y le dije: “No te preocupes, en dos días estará mejor”. Pensé: “Creo en Dios Todopoderoso. Con la protección y el cuidado de Dios, mi hija se pondrá bien, seguro”. Sin embargo, pasados diez días, el moretón en el pulgar y la mitad de la palma de mi hija se agravaron. Dos meses después, el pulgar y la mitad de su palma se pusieron negros y morados. Ahora tenía el pulgar más grande que el dedo gordo del pie. Ahora sí, me preocupé mucho. Mi esposo y yo la llevamos al hospital de inmediato. Sin embargo, el reconocimiento no reveló nada fuera de lo común. Oré a Dios en silencio, en mi corazón: “Dios Todopoderoso, ¿qué le pasa a la mano de mi hija? Quiero encomendarte a mi hija. Por favor, cuídala y protégela”. Sin embargo, cuando mis parientes y amigos le vieron la mano, todos dijeron: “Tu hija tiene una enfermedad extraña en la mano”. Su abuela también dijo preocupada: “Es posible que la mano de esta niña tenga que ser amputada”. Cuando oí eso, me angustié y enojé muchísimo, y pensé: “Si realmente hay que amputarle la mano a mi hija, ¿qué vamos a hacer? Es tan pequeña. ¿Cómo podrá soportar un golpe así?”. Cuanto más lo pensaba, más confusa, preocupada y afligida me sentía. Pensaba: “He orado a Dios durante tanto tiempo. ¿Por qué sigue así la mano de mi hija? ¡Dios no responde a mis oraciones ni protege a mi hija!”. Tenía el corazón lleno de malentendidos sobre Dios y de quejas hacia Él. Por aquel entonces, mi esposo hacía chapuzas en el trabajo debido a su alcoholismo y su jefe quería despedirlo. ¡Las desgracias nunca vienen solas! Cuando oí esa noticia, me inquieté todavía más. Si mi marido perdía su trabajo, ¿cómo iba a sobrevivir nuestra familia en el futuro? Todo esto hizo que me sintiera muy angustiada. No podía calmarme. Incluso cuando leía la palabra de Dios, era incapaz de obtener algo de la misma. Pensaba: “Creo en Dios, ¿por qué estoy teniendo tantos problemas? ¿Por qué Dios no nos cuida?”. Por este motivo, me volví muy negativa.
Cuando la pariente que me había predicado el evangelio se enteró de lo que estaba pensando, me dijo pacientemente: “La razón por la que encontramos dificultades es por la acción de Satanás. Se está librando una guerra en el mundo espiritual. La obra de Dios de los últimos días es salvar a la humanidad. Cuando el hombre abandona a Satanás y vuelve a Dios, Satanás no quiere resignarse a la derrota. Tentará y engañará al hombre por todos los medios posibles. Le dará toda clase de sufrimientos y tribulaciones para que se haga una idea errónea de Dios y se queje de Él. Su propósito es provocar que el hombre niegue a Dios, que lo rechace, que pierda la salvación de Dios y que vuelva una vez más bajo el campo de acción de Satanás. Si somos así de negativos y nos mantenemos lejos de Dios, ¡nos hemos dejado engañar por la maquinación astuta de Satanás! De hecho, aunque no creamos en Dios, este tipo de situaciones son inevitables. Como nuestra idea sobre la fe en Dios no es correcta, le damos a Satanás oportunidad de hacernos daño. Echemos un vistazo a un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso que dijo: ‘La mayoría de las personas creen en Dios por buscar la paz y otros beneficios. A menos que sea para tu beneficio, no crees en Dios, y si no puedes recibir las gracias de Dios, te pones de mal humor. ¿Cómo puede esta ser tu verdadera estatura? Cuando se trata de incidentes familiares inevitables (niños que se enferman, esposos que van al hospital, bajos rendimientos de los cultivos, persecución de miembros de la familia y así sucesivamente), ni siquiera puedes sobreponerte a estas cosas que a menudo suceden en la vida cotidiana. Cuando tales cosas suceden, caes en pánico, no sabes qué hacer, y la mayor parte del tiempo te quejas de Dios. Te quejas de que las palabras de Dios te engañaron, que la obra de Dios ha jugado contigo. ¿No tenéis tales pensamientos? ¿Piensas que tales cosas suceden entre vosotros sólo pocas veces? Pasáis todos los días viviendo en medio de tales eventos. No le dais el más mínimo pensamiento al éxito de vuestra fe en Dios y cómo satisfacer la voluntad de Dios. Vuestra verdadera estatura es demasiado pequeña, incluso más pequeña que la de un pollito. […] Tu vientre está atiborrado, lleno de quejas, y a veces no vas a las reuniones ni comes ni bebes las palabras de Dios por causa de esto; es probable que seas negativo por un largo periodo de tiempo’ (‘Práctica (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”)”.
Cuando escuché estas palabras de Dios, mi corazón se estremeció: ¡Dios examina realmente el fondo del corazón del hombre! Cada palabra llegó a lo más profundo de mi corazón. ¡La razón por la que creía en Dios era, en efecto, porque quería que mi familia estuviera a salvo! Cuando encontraba dificultades, entendía mal a Dios, me quejaba ante Él y perdí la fe. Estaba viviendo en una actitud muy negativa y mi estatura espiritual era muy pequeña. Mi pariente siguió: “Las palabras de Dios nos muestran nuestra idea equivocada sobre creer en Dios para obtener beneficios. Debido a nuestras nociones e imaginaciones, pensamos que siempre que creamos en Dios, Él nos bendecirá y se asegurará de que todo marche sobre ruedas. Puesto que esta noción existe en nuestros corazones, cuando nos topamos con dificultades en la vida, culpamos a Dios de inmediato y, como consecuencia, podemos negarlo, traicionarlo y abandonarlo en cualquier momento. Satanás conoce bien este punto débil de nosotros. Por eso, nos da todo tipo de dificultades y sufrimientos para perturbarnos. Si somos incapaces de entender las astutas maquinaciones de Satanás, nos rebelaremos contra Dios involuntariamente, lo culparemos, lo negaremos e incluso lo abandonaremos y traicionaremos. Al final, seremos ganados y vencidos por Satanás, tal y como dicen las palabras de Dios: ‘En la tierra, toda clase de espíritus malvados está constantemente al acecho de un lugar para descansar, buscando incesantemente cadáveres de personas para comerlos’ (‘La décima declaración’ en “La Palabra manifestada en carne”). ¡Lo que revelan las palabras de Dios son los hechos del mundo espiritual! Si somos devorados por Satanás, perderemos nuestra oportunidad de ser salvados. ¡Debemos comprender las astutas maquinaciones de Satanás!”. Cuando oí esto de mi pariente, mi corazón se animó de inmediato. Entonces entendí que las dificultades con que se estaba topando mi familia eran, de hecho, el hostigamiento y acoso de Satanás. Al mismo tiempo, Dios también reveló las perspectivas incorrectas de mi fe. Le dije a mi pariente: “Desde que creo en Dios, pensaba que era un Dios que otorgaba bendiciones al hombre; que siempre que uno creyera en Dios, las cosas irían sobre ruedas en la familia y que uno recibiría su cuidado y protección. Si me encontraba con dificultades, pensaba que algo iba mal y que creer en Dios significaba no tener problemas. Sólo después de leer los pasajes anteriores de las palabras de Dios, entendí que mi forma de concebir la fe era incorrecta y que Satanás utilizaba esto para turbarme, afectar mi relación con Dios y alejarme de Él. ¡Realmente me había dejado engañar por las astutas maquinaciones de Satanás! Después, sin importar cómo me perturbe Satanás, tenía que saber descubrir sus astutas maquinaciones y no culpar a Dios, malinterpretarlo y, mucho menos, traicionarlo. Tengo que mantenerme firme en el testimonio de Dios. Independientemente de si la mano de mi hija se cura o no, si mi marido tiene trabajo o no, estaré dispuesta a encomendárselos a Dios y a dejar que Él haga Su trabajo”. Lo que no esperaba era que, una vez que estuve dispuesta a obedecer la acción y los designios de Dios, la mano de mi hija se infectó en poco tiempo. Cuando el doctor quitó el pus, descubrió que tenía una astilla en la base del dedo. Después de sacarle la astilla, no pasó mucho tiempo antes de que la mano se recuperase. Con este hecho, pude ver cómo, una vez cambiadas mis propias perspectivas equivocadas y estando dispuesta a obedecer a Dios, Satanás quedó derrotado. Dios se llevó la enfermedad de mi hija. ¡Dios es verdaderamente milagroso y todopoderoso!
Sin embargo, el siniestro Satanás no estaba dispuesto a rendirse. Si uno de sus planes fracasaba, intentaba otro. Una tarde, hacia las ocho, mi esposo me llamó de pronto y me pidió que bajara a darle un poco de dinero. Envolví a nuestro bebé de más de un año y bajé. Vi salir a mi esposo del taxi con esfuerzo. Tenía grandes dificultades para moverse. Cuando vi que al improviso se había puesto así, mi corazón se turbó muchísimo y no sabía qué hacer. Lo único que podía hacer era invocar a Dios: “Dios Todopoderoso, en este ambiente, por favor, protege mi corazón. Mi estatura espiritual es poca. Por favor, dame fe para mantenerme firme en el testimonio en esta situación y no culparte”. Después de orar, mi corazón se calmó mucho. Sin embargo, más tarde, la enfermedad de la pierna de mi marido se agravó todavía más. No podía moverse en absoluto. Lo único que podía hacer era dejar que su hermano mayor y la esposa de este lo llevaran al hospital. Cuando pensaba que mi esposo no podía mover las piernas, me ponía muy nerviosa. Entonces, oré a Dios una vez más: “¡Dios!, hoy, mi marido está enfermo. Satanás ha venido a perturbarme para que me quejara de Ti y te traicionara. Estoy dispuesta a descubrir las astutas maquinaciones de Satanás. Independientemente de cuánto dinero tenga que gastar en la enfermedad de mi esposo, no te voy a culpar. Estoy dispuesta a obedecerte. Por favor, asegúrate de que pueda mantenerme firme en el testimonio de Ti”. Cuando terminé de orar, mi corazón se calmó muchísimo. Poco después, mi cuñada llamó y dijo que mi marido no quería ir al hospital e insistía en venir a casa. Pensé que esta era la intención de Dios y dejé que lo trajeran. Cuando llegaron, el hermano de mi marido y su mujer le pellizcaron la pierna y la lavaron con agua caliente. Estuvieron haciendo eso durante mucho tiempo, pero mi marido no sentía nada. Desesperado, dijo: “No hay remedio. ¡No siento nada en la pierna!”. Cuando oí eso, se me saltaron las lágrimas y pensé: “Se acabó. Mi marido no puede caminar. Si está paralizado, ¿qué vamos a hacer? ¿Cómo se va a mantener nuestra familia?”.
Justo en ese momento, cuando estaba a punto de ahogarme en el dolor y la desesperación, pensé en las palabras de Dios: “Si te sobrevienen muchas cosas no alineadas con tus nociones, pero eres capaz de dejarlas a un lado y de conocer las acciones de Dios a partir de ellas, y si en medio de los refinamientos revelas tu corazón de amor por Dios, eso es ser testigo. Si tu hogar es apacible, si disfrutas de las comodidades de la carne, si nadie te persigue, y tus hermanos y hermanas en la iglesia te obedecen, ¿puedes exhibir tu corazón de amor por Dios? ¿Puede esto refinarte? Tu amor por Dios sólo puede mostrarse mediante el refinamiento, y sólo puedes ser perfeccionado por medio de las cosas que ocurren y que no están en línea con tus conceptos. Dios te perfecciona por medio de muchas cosas negativas, de muchas adversidades. Dios permite que adquieras conocimiento, y que te perfeccione por medio de muchas de las acciones, de las acusaciones de Satanás, y de su expresión en muchas personas” (‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”). Por las palabras de Dios, entendí que Satanás estaba usando la enfermedad de mi esposo para tentarme. Como Satanás sabía que mi opinión de ver a Dios como una fuente de bendiciones y de intercambio de favores no había desaparecido por completo, hizo todo esto para inducirme a malinterpretar, culpar, negar, traicionar y resistirme a Dios. Si hacía estas cosas, al final perdería la gracia de Dios y el despreciable propósito de Satanás se lograría. Al mismo tiempo, Dios usaba esta situación para purificar mi fe en Él. En el momento en que Satanás me estaba tentando, se suponía que yo debía ver las cosas desde la perspectiva de las palabras de Dios y descubrir sus astutas maquinaciones. No debo dejarme llevar otra vez por el deseo de obtener bendiciones para regatear con Dios. En la batalla entre Dios y Satanás, debo estar del lado de Dios y no dejar de dar testimonio. Después de entender las intenciones de Dios, oré en silencio: “Dios, protege mi corazón. Haz que me mantenga firme en esta situación. Independientemente de la enfermedad de mi marido, no te culparé. Aunque mi marido quede paralizado, estoy dispuesta a seguir Tus pasos”. Cuando terminé de orar, oí que mi esposo decía con serenidad: “Estoy mejor. Puedo mover las piernas”. ¡Al oír esto, mi corazón se sintió muy conmovido y me di cuenta de que Dios es verdaderamente sabio y todopoderoso! Dios no me hizo sufrir ese dolor intencionadamente. ¡En lugar de eso, utilizó esta circunstancia para ponerme a prueba y cambiar por completo mi idea incorrecta de la fe!
Después, seguí leyendo las palabras de Dios: “Después que la humanidad fue corrompida por Satanás, Él continuamente obró entre las personas para derrotar a Su enemigo que corrompe a la humanidad. Esta batalla continuará desde el principio hasta que el mundo llegue a su fin. Al hacer todo este trabajo, Él no sólo ha permitido a la humanidad, que ha sido corrompida por Satanás, recibir Su gran salvación, sino que también les ha permitido ver Su sabiduría, omnipotencia y autoridad, y al final Él permitirá a la humanidad ver Su carácter justo —castigar a los malvados y recompensar a los buenos—. Él ha luchado contra Satanás hasta el día de hoy y nunca ha sido derrotado, porque Él es un Dios sabio, y Su sabiduría se ejerce sobre la base de las tramas de Satanás. Así, Él no sólo hace que todo en el cielo se someta a Su autoridad; sino que también hace que todo sobre la tierra se ubique bajo Sus pies, y no en último lugar, Él hace que esos malhechores que invaden y acosan a la humanidad caigan dentro de Su castigo. Todos los resultados de la obra son producidos por Su sabiduría” (‘Deberías saber cómo la humanidad completa ha evolucionado hasta el día de hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”). De estas palabras de Dios, entendí que, desde el momento en que la humanidad fue corrompida por Satanás, este ha estado turbándonos y haciéndonos daño todo el tiempo. Dios también ha estado salvándonos y permitiéndonos liberarnos del daño de Satanás de principio a fin. En mi experiencia, desde el momento en que empecé a creer en Dios, Satanás estuvo todo el tiempo tramando maquinaciones para turbarme. Utilizó la enfermedad de mi hija y la de mi marido para hacer que me volviera negativa y débil. Utilizó esas situaciones para hacer que malinterpretara y culpara a Dios. Intentó hacer que lo abandonara y traicionara, que perdiera Su cuidado y protección, y arrastrarme al infierno. Todo en vano. Además, la sabiduría de Dios se ejerce eternamente basándose en las maquinaciones de Satanás. Por medio de personas, acontecimientos y objetos, Dios me permite comprender la naturaleza malvada de Satanás y sus reflexiones despreciables. También, de refinamiento real, purifica mis perspectivas incorrectas sobre la fe y permite que sea capaz de renunciar al mal y volverme a la virtud. De esta manera, ya no viviré confiando en la idea de obtener bendiciones, sino de acuerdo con las palabras de Dios. Con una auténtica fe en Dios, puedo vencer a Satanás y ser ganada por Dios. La omnipotencia y la sabiduría de Dios son milagrosamente inconmensurables. ¡El amor y la salvación de Dios para mí son verdaderamente reales y auténticos!
¡Gracias a Dios por llevarme a comprender las astutas maquinaciones de Satanás! De ahora en adelante, oraré a Dios, confiaré más en Él y me mantendré firme en el testimonio en cada lucha. ¡Sin duda, seguiré a Dios inquebrantablemente hasta el final! ¡Gloria a Dios Todopoderoso!
Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso
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